miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 6. Parte uno

Había despertado después de Ian y por unos momentos me encontré confundida sobre el lugar que me encontraba, afortunadamente no tarde en calmarme y entender porqué y donde estaba.
    Tenía una hoja enredada en el cabello y no me di cuenta de ella hasta que Ian no pudo contener la risa y me obligo a llevar mis manos a todo mi rostro y cabello hasta hallarla, la desprendí de un mechón color cajeta y poco a poco la desenrede. La situación no me parecía nada divertida y le avente la hoja que solo giro un poco en el aire y luego calló sin vida a pocos centímetros de donde me paraba, eso solo lo divirtió mas.
  
    Di una furiosa media vuelta y comencé a recoger mis cosas, tratando de controlar mi malhumor. Cuando había terminado, estaba casi controlado, pero el volvió a sacarme de mis casillas en un momento que lo voltee a verlo y seguía con una sonrisa burlona en los labios. Cargue mi bolsa al hombro asegurándome que el movimiento le diera en la cabeza a Ian cuando la impulsaba. Sonreí maliciosa cuando cambio su cara de risa por una de malhumor igual que la mía.
     - Faltan unas horas para oficialmente salir de los limites de Elirdea y entrar en el bosque. Habrá un tramo que andaremos en terreno abierto, solo tardaremos dos horas en cruzarlo- dijo con voz grave mientras se masajeaba la cabeza.
      - Eso no me gusta. No me atraen los espacios abiertos.
      - No creo que haya mucha gente – sentencio el con un movimiento de hombros. Se equivocaba.


Estuve a punto de darle un zape cuando asomándome entre ya los últimos árboles del bosque que conocía como la palma de mi mano, vi a decenas de mercaderes, carromatos llenos de mercancías y puestos ambulantes; todos entrando como agua por un embudo por el camino de tierra que tenía a un costado. Los niños de diferentes vendedores se correteaban de un lado a otro sobre el verde y corto pasto, arrancaban hierbitas y dientes de león y se lo lanzaban unos a otros. Los burros, mulas y caballos avanzaban con paso lento. Algunos bien alimentados y enormes y otros que daban el aspecto de que se derrumbarían en cualquier segundo.
         - ¿No habrá mucha gente he? – gruñí sin separar los dientes.
         - Simplemente los pasaremos de largo.
         - Simplemente los pasaremos de largo – dije imitándolo con tono de desesperación, dejando en claro que la idea era una locura – ¡No puedo simplemente pasarlos de largo!.

   Ian me miro de pies a cabeza y por su expresión me di cuenta que me daba la razón. La gente definitivamente se fijaría en una mujer usando pantalones, armada y con ojos grises.
         - Dame cinco minutos – dijo el sin esperar respuesta y salió corriendo.

No tuve tiempo ni de replicar, así que me resigne a observar a la gente que pasaba. Algunos se veían esperanzados y otros solo iban porque estaba la pequeña oportunidad de ganar unas cuantas monedas para pagar los impuestos, ya que ni siquiera podían llevar comida a la mesa. La reina Galia había enfermado a la población.
    Ian regreso un poco mas tarde de lo que había dicho, pero regreso. Llevaba en sus manos un vestido de campesina con un gorro de los que usan las ovejeras.

         - ¿De donde lo sacaste? – pregunte pensando en la pobre muchacha que tendría una prenda menos en su triste guardarropa.
        - Larga historia – respondió el prácticamente aventándome la ropa a la cara – no perdamos tiempo y póntelo.

Fruncí el seño, pero finalmente me puse de pie y cuando pasaba al lado de Ian le di mi espada, mi arco y el carcaj con las flechas de mala gana. Me aleje hasta que estuve segura de que Ian no podría verme. Solo me quite la camisa y me coloque el vestido sobre el pantalón. El vestido tenía las mangas hasta el antebrazo y se sentía raro tener los brazos al descubierto, finalmente me coloque el sombrero y me sentí totalmente ridícula, pero servía. Manteniendo la cabeza gacha nadie vería mis ojos.
        Salí de los arbustos tropezándome con la falda y mordiéndome la lengua de la vergüenza.
        - Una palabra – dije. apuntándolo amenazadoramente cuando hacía ademan de reírse – una palabra y será la última.

  Le pase de largo tratando de conservar la poca dignidad que todavía conservaba. A pesar de llevar un paso firme me detuve en seco justo donde el bosque terminaba y daba paso al terreno abierto. Me sentía como a uno de esos animales exóticos que llevaban al palacio, y salían de sus jaulas con paso inseguro.
       - Aquí vamos – susurre y di el primer paso en tres años fuera del bosque que me había condenado y protegido al mismo tiempo.

   La sensación de estar rodeada de decenas de personas, niños jugando y el traqueteo de las carretas hizo mi corazón correr mas rápido de lo normal, no por miedo, sino por emoción. Un par de niñas de cabello negro me pasaron de largo a ambos lados, haciendo revolver la falda de mi vestido.
      Ian no tardo en alcanzarme y a diferencia mía, encajaba mucho mas con el entorno.

     - No hay que perder el tiempo – dijo el.

Me desconcertaba como la actitud de Ian había cambiado tan radicalmente desde que lo conocí. Por un momento pensé que en realidad no lo conocía y no era la persona para decir que era o no un comportamiento normal, pero simplemente no podía pasar por alto el “respeto” con e que se había dirigido a mi el día en el bosque cuando estuve a tres pelos de matarlo y como ahora me tratara como si fuera una niña quejumbrosa e inútil.
  Aparte esos pensamientos de la cabeza y decidí que nunca fui buena para juzgar a las personas y determinar que clase de personalidad tenían. Siempre fallaba con mis predicciones.

  A medida que el tiempo pasaba y nos alejamos de las personas, quedando solo el y yo en la enorme planicie mas me sentía como  una liebre en terreno descubierto durante temporada de caza del palacio. O al menos así pensé que se sentiría. Tenía esa molesta sensación de peligro, ese pequeño cosquilleo en la nuca que me hacía sentir desprotegida o desnuda. Siempre había estado rodeada de arboles y arbustos que me servían como protección a mis propios fantasmas, pero ahora tenía en el cuerpo la sensación de inseguridad que te proporciona las noches, cuando dejas una mano colgando fuera de la cama.
     Maldije por lo bajo cuando la falda se me enredo entre los pies y me hizo dar barios saltitos para poder recuperar el equilibrio y no caer de bruces al suelo.

    - Odio los vestidos – susurre.
Ian me escucho y sus labios dibujaron una sonrisita.
   - En realidad no te queda mal parecer una mujer de vez en cuando.
  - ¿Disculpa? – entorne los ojos, lleve mis manos a la cintura y puse cara de “vamos, repítelo a ver que sucede”
   El se encogió de hombros ignorando mi amenaza.
  - Oye puede que suene una locura, pero a las mujeres no les va mal actuar de manera femenina. A veces puedes ser demasiado…ruda.
   - ¿A veces? – dije entrecerrando los ojos y alzando una ceja - ¿disculpa, desde cuando que nos conocemos? No recuerdo haberte visto o convivido contigo antes, como para que hables de mi como si me conocieras.
    Después de todo no estaba tan equivocada. El respeto que había mostrado días atrás en el bosque estaba completamente perdido en cuanto aquel hombre agarro confianza.
   Ian no respondió y yo me crucé de brazos complacida por su silencio.

Seguimos caminando sin cruzar palabra mientras yo comenzaba a acostumbrarme a caminar con vestido y faldas enredándose en mis tobillos a cada rato. Por otro lado faltaba poco para que hiciera pedazos el sombrero. Cada dos minutos se me venía a la frente y tenía que acomodarlo de  nuevo, el material del que estaba hecho me causaba comezón en el cuero cabelludo y el listón con el que lo amarraba también me picaba. Mire cada vez mas desesperada por toda la situación a Ian que se veía fresco como una lechuga caminando con paso despreocupado en dirección al bosque de Kelmer que desde donde estábamos solo se veía como una oscura mancha en la lejanía.
   Exhale con fuerza, pareciera que faltaban miles y miles de kilómetros antes de tan si quiera acercarnos a aquel bosque que Ian afirmaba era muy distinto al nuestro. Comencé a dudar que solo nos llevaría dos horas de camino.

    Después de media hora, mire un par de veces a mis espaldas para asegurarme de que nadie nos veía o estaba cerca. Casi peleándome con la cintilla desate el horrendo sombrero, pero mechones de pelo se enredaron en las hebras de paja con el que el sombrero estaba hecho.

   - No es posible – refunfuñe mientras trataba de arrancar los mechones de pelo atorados.
   - Oye, oye tranquila – Ian tomo poder sobre el sombrero y comenzó a desenredar los mechones con mucha mas calma y delicadeza. Me cruce de brazos desesperada y deje que me ayudara. No tuve que esperar mucho, no tardo en deshacer los nudos y sonreírme con una cara de “ni siquiera era tan difícil”.
    - Quiero verte a ti usar uno de estos mas de cinco minutos, entonces veremos quien se pone de mal humor – conteste dejando caer el sombrero al suelo y pisándolo mientras retomábamos el camino.
    - Yo no he dicho nada – se defendió el alzando una ceja y mirándome como si estuviera loca.
Abrí la boca para soltarle algún comentario, pero la volví a cerrar dándome cuenta de cualquier cosa que dijera solo le daría la victoria una y otra vez.

    Para mi alivio y sorpresa el bosque fue acercándose a nosotros rápidamente. Faltaba lo que yo calculaba mínimo media hora para poder refugiarnos de nuevo en la seguridad de los árboles.   

     - Miren lo que trajo la marea – dijo alguien a mis espaldas.

Los pelos de la nuca se me erizaron y de inmediato el corazón comenzó a latir a una velocidad peligrosa. Aquella frase la había escuchado una y otra vez en mis pesadillas y ahora se había materializado frente a mi. Di media vuelta armándome de valor y aunque lo que vi no era para nada prometedor, el color regreso a mis mejillas y las palmas de las manos dejaron de sudar.
     No era Darrel, solo cinco hombres con intenciones de dejarnos literalmente sin nada. Sonreí aliviada. Ian se puso en tensión y dio un paso al frente de manera autoritaria.
    Había olvidado mis ojos por completo, pero aquellos hombres parecieron no notarlo o no les pareció nada a lo que debían poner mucha atención.
     - ¿Cómo te llamas linda? – pregunto el que daba aspecto de ser el líder. Era de cabello rubio y de ojos color almendrados, la barba cubría toda su mandíbula y daba el aspecto de que había olvidado lo que era un baño hace años.
     - Eso no te incumbe – Ian llevo una mano al mango de su espada, pero no la saco.
El grupo de gorilas rio y se miraron unos a otros divertidos o fingiendo que Ian los había intimidado.
     - Oye amigo ¿es tu chica? – pregunto el rubio – no veo tu nombre grabado en su frente y, como decía mi madre: es descortés no compartir.
  De inmediato comencé a analizar los pros y los contras de la situación. Ellos eran cinco y nosotros dos, ellos estaban todos armados mientras que Ian seguía cargando con mis cosas; había olvidado pedírselas de vuelta por estar tan ocupada tratando de no tropezarme con el vestido y ahora solo llevaba mi daga.
      - ¿Qué es lo que quieren? – pregunto Ian tratando de parecer relejado y lo estaba logrando, se veía bastante despreocupado y seguro de si mismo. Había formulado la pregunta casi como si le estuviera dando sueño.
      - En realidad queremos muchas cosas, pero ahora mas que nada queremos divertirnos – aquel hombre me miro de pies a cabeza de una forma que me causo hacer una mueca de asco.
  Mire a mi alrededor, nadie veía y seguramente que nadie nos escucharía. No me sorprendía que aquellos hombres escogieran este lugar para hacer su aparición, estaba a mitad de la nada donde en realidad no había a donde correr o esconderse, ni quien ayudara.
   Sonreí complacida, eso era una ventaja no solo para ello, también para mi.

Me trague el asco que sentía por aquel hombre y le sonreí de manera coqueta mientras me acercaba, recordando como Isabelle había movido las caderas con el pobre mensajero. Pensar en Isabelle me causo una punzada de dolor que ignore de inmediato y me concentre en mi papel.

     - ¿Qué les hace pensar que soy su chica? ¿Parezco una mujer de un solo dueño? – saque el labio inferior como una niña haciendo pucheros. El rubio se veía claramente desconcertado, pero de inmediato se compuso y no tardo en caer en mi trampa – últimamente los hombres tienen pedidos muy extraños, pero el pago bien por un poco de … compañía en un largo viaje, claro que algo me dice que cinco hombres pueden dar una donación mucho mas generosa de la que ofrece un solo hombre.
   El rubio dio un paso al frente y eso acorto la poca distancia que quedaba entre el y yo. Los hombres a sus espaldas sonreían por mis palabras y definitivamente alcancé a ver algunas miradas encendidas. Yo aguantaba las nauseas.

     - ¿Qué les parece chicos? Definitivamente esta mucho mas animada que la esposa de aquel mercader de hace algunos meses – me tomo por la cintura y me atrajo hacia el. Lo que acababa de decir me aclaro cualquier duda que tenía acerca de si dejarlo vivir o no.
   Volteé a ver a Ian que estaba tratando de contener la sorpresa forzándose a si mismo a no dejar caer la quijada.

    – Lo siento querido, pero esto se ve mucho mas divertido – le sonreí encantadora y volví a darle la espalda, quedando cara a cara con el rubio aguantando la respiración para no impregnar mis fosas nasales de su aroma. Saque la daga de su funda y la clave en el corazón de aquel hombre que apestaba. Nuestros cuerpos estaban tan cerca uno del otro y había ejecutado el movimiento con tanta rapidez, que nadie a excepción de Ian pudo ver lo que acababa de suceder. No fue hasta que saque la daga de aquel hombre y cayo al suelo sin vida que sus compañeros no reaccionaron.
  Había tomado la espada del rubio mientras caía, así que cuando sus hombres atacaron yo ya estaba armada.

    Ian no tardo en llegar a mi lado y liarse con uno de los hombres. Alcé la espada para bloquear una estocada de uno de sus compinches y en menos de tres movimientos ya estaba saltando su cadáver y bloqueando al siguiente en la línea.
    Yo acabe con dos (más el rubio repugnante) e Ian acabo con los otros dos. Cuando todo acabo estaba acalorada, deje caer la espada al suelo sobre los cuerpos y fui a recuperar mi daga. La limpie en la barriga de uno de ellos y la volví a guardar en su funda.

     - No había necesidad para todo el numerito de mujer barata – Ian estaba a mi lado enfundando la espada de nuevo y taladrándome con la mirada.
   Me encogí de hombros.
    - Estaba de mal humor y necesitaba divertirme un poco. No se si alguien te lo había dicho, pero no eres muy buen compañero de viaje que se diga.
   Ian parpadeo desesperado.
     - ¡Oh, lo siento mucho, majestad!. Tal vez debió de haberle rogado a otra persona para que la guiara al reino vecino, después de todo no soy la única persona que conoce Kelmer ¿o si? O que sabe quien es usted y no le ha ido a contar a medio mundo.
  Entorne los ojos.
   - No te pongas delicado.
Ian se llevo una mano al pelo y lo sacudió tratando de no matarme y respiro profundo.
   - ¿Podemos continuar y dejar de perder el tiempo? – pregunto forzando una sonrisa – Majestad.
Me encogí de hombros y comencé a caminar.
    - No entiendo por que la desesperación, después de todo fuiste tu quien me sugirió que de vez en cuando fuera un poco mas … ¿cómo fue que dijiste? ¡Ah, si! Femenina.
    - Si exacto, femenina, no barata.
    - ¡Ja! ¿qué sucede señor Fletcher? ¿Celoso?
    - ¿¡Celoso!? – Ian abrió los ojos de par en par - ¿Celoso de que una farsante que se hacía pasar por prostituta le atravesara el corazón a quien le ofrecía sus servicios? Si, seguro.
   - Oh, vamos. Admite que estuvo bueno.
Ian me fulmino con la mirada unos segundos antes de relajarse y sonreír divertido.
    - No estuvo tan mal – admitió apartando la mirada.

Sonreí y seguimos caminando un buen rato. La verdad que es que si estaba de mal humor, pero la pequeña pelea con los ladrones me había sacado todo el estrés y el resto del camino hasta el bosque fue mucho mejor.
  Cuando nos adentramos de nuevo a la seguridad de los árboles no note ninguna diferencia, pero en cuanto me quite el vestido y volví a ponerme la camisa puede caminar con un poco mas de libertad y entendí de que hablaba Ian.

   El bosque era mucho menos espeso, los arboles eran altos y con cada minuto que pasaba lo eran más. Había grandes áreas en los que solo había pasto y arbustos pero estaba libre de árboles, las liebres salían de sus escondites cuando sin saberlo nos acercábamos mucho y salían disparadas frente a nosotros. No era tan húmedo, era mas fresco y se veía con mas vida que el de Elirdea.

     - Definitivamente podía pensar en mudarme a este bosque – dije para misma, pero Ian lo escucho y me miro extrañado. Lo que acababa de decir no era algo que la gente decía todos los días.
     - Si, si, muy bonito espera a que nos topemos con las desnivelaciones y veras que no es tan perfecto.
  Las desnivelaciones, seguro hablaba de ellas: paredes de roca que creaban sus propios caminos y no quedaba de otra que rodear la roca y subir por ella hasta que recuperaras el camino del otro lado. Arrugue la nariz pensando que lo mas probable era que exagerara.
     A mi mente vinieron las imágenes de George en el bosque y como de no ser por Ian, estaría muerta. Trague saliva y sequé el sudor de mis palmas en el pantalón antes de hablar.
      - ¿Ian? – me mordí el labio cuando me volteo a ver esperando a que continuara - ¿cómo supiste de los soldados? Yo nunca los hubiera visto o escuchado hasta que los tuviera en frente, pero tu, tu nos salvaste…¿cómo?
  Como lo temí, el se puso nervioso por mi pregunta y aparto la mirada buscando una respuesta, en realidad no sabía porque se ponía tan en tensión, pero lo hacía y eso me ponía intranquila por cual pudiera ser la respuesta. ¿Qué podía ser tan malo?
      - Contestare a eso si tu respondes una pregunta igual – dijo él, arrugue el ceño, no me guastaba eso. Podía vivir sin saberlo…como yo misma lo dije: la curiosidad mato al gato y creía saber que me preguntaría.
   Aparte la mirada, dejando en claro que no estaba dispuesta a hacer ese intercambio. Eso decepcionó Ian.
   - ¿Hasta cuando vas a decir nada? – su voz sonaba desesperada por saber que era aquello que tan fuertemente protegía.
    Me encogí de hombros.
    - La última vez que dije nada, no me fue muy bien, la persona a quien confié me traiciono – el sabía de que hablaba, de la pequeña escena al momento de su llegada, de Isabelle traicionando mi confianza.
    El ya no dijo nada mas. Y yo tampoco, me centre en observar el bosque.

Era de verdad algo hermoso, la luz se filtraba entre las ramas y caía en hermosos túneles de luz hasta tocar la tierra, se respiraba algo puro en el ambiente. Me sentía mas liviana y el color dorado que aportaba la luz era muy diferente a los oscuros tonos del bosque de Elirdea.
    Ian se le veía concentrado, todavía pensando en que podía no estarle diciendo. Sentí una pisca de compasión y decidí decirle un poco. Tome una bocanada de aire.

     - Mi galga no murió de vieja, se que lo hice parecer así, pero no lo fue – Ian de inmediato escucho mis palabras atentamente – murió tratando de defenderme de los soldados que nos atacaron. Defendiéndome de George, por eso lo conozco, lamentablemente. Mi perra mató a uno de sus compañeros y eso no me puso en buena posición, nunca olvidare su nombre ni lo que hizo, de no ser por ti estaría de nuevo con él y se que si me hubiese atrapado, no me dejaría que escapase de nuevo.

   No lo voltee a ver para observar su expresión, temía que viera el miedo que se reflejaba en mis ojos cada vez que recordaba la escena del río, pero se que lo que dije fue suficiente para que ya no preguntara más hasta el anochecer.

     - Lo lamento – dijo el horas después. Me tomo unos segundos entender de que hablaba.
 Me encogí de hombros, fingiendo lo mejor que podía que no me afectaba después de tanto tiempo.
        - Lo pasado en el pasado esta – dije fingiendo una sonrisa – además, te veías tan incapaz de dejar de pensar en mi, que decidí decirte algo antes de que te volvieras loco.
  Ian bufo ante el comentario, pero no dijo nada mientras extendía su colcha sobre el césped.
   Dejé caer las ramas secas que había estado recolectando a un metro de donde estaba él y las puse una sobre otras, esperando a que Ian usara aquellas extrañas astillas para crear fuego.

   La panza me rugía con violencia cuando el conejo estuvo listo, y para ese entonces ya debía de haberme acostumbrado a no tener horarios para comer o no comer en todo el día, pero al parecer mi cuerpo no lograba hacerlo.
   La carne de conejo era muy dura, mucho musculo y poca carne, pero después de todo era comida y en esos momentos pude haberme comido la corteza de un árbol.
       - ¿Qué piensas hacer, cuando llegues a Kellmer? – pregunto Ian terminando de tragarse un gran pedazo. 
   No tenía un plan y eso me avergonzaba, no había pensado en uno con claridad.
       Suspire.
        - La reina Galia se esta haciendo pasar por mi para casarse con el príncipe de Kellmer, sabe que el rey no aceptaría el matrimonio con un conquistadora y se casara en mi nombre. Tengo que detenerla, matara a toda la familia real…lo se y cuando ese momento llegue, ya no habrá nada que pueda hacerse. Kellmer sufrirá el mismo destino que Elirdea y ambos reinos estarán perdidos.
       Ian estaba serió y por las leves arrugas en su frente pude ver que concentrado, en lo que fuese que estaba pensando.
        - ¿Tienes un plan?
Suspire cansada.
        - Tengo un plan – mentí. Ian lo noto y alzo una ceja dándome a entender que sabía que no era verdad.
        - ¿No tienes nada verdad?
        - No – dije cerrando los ojos avergonzada
        - Tienes unas semanas para pensarlo – dijo el, quitándole importancia.
        - Supongo – susurre.

¿Los reyes me creerían?
Suspire aterrada con la idea de que tal ves no lo hicieran. Tenían que, mis ojos me respaldaban y si no lo hacían todo estaba perdido, Galia se volvería la soberana de tres reinos, aunque sus padres gobernaban Grecos, su crueldad podía llegar hasta invadir su propia tierra y con la ayuda de dos reinos, sería invencible. Sacudí la cabeza para apartar esos pensamientos y me trague el último pedazo de carne.

       - Y cuando llegues y todo se descubra ¿qué pasara con el matrimonio? - pregunto de repente, pero arrastrando las palabras, como si no hubiese querido haberlas pronunciado.
    La pregunta me tomo desprevenida y me le quede viendo unos momentos mientras pensaba en la respuesta. Abrace mis rodillas. No me casaría, el matrimonio quedaría anulado en cuanto la farsa fuese descubierta….pero Elirdea estaba mal, necesitaba de apoyo y yo estaba sola, necesitaría de Kellmer. 
    Me mordí la lengua. No me casaría,  nunca lo haría, nunca.

         - Nada - respondí con voz ronca mientras sonreía  - no pasara nada.

La fogata calentaba el lugar y eso por algún motivo me hacía sentir segura mientras me recostaba en mi colcha de dormir.
   Los altos árboles no me dejaban ver claramente la luna, decidí no perder tiempo pensando que ella me observaba y pasar directo a dormir lo mejor posible.
   El sueño llego poco a poco, cubriéndome con la oscuridad y esa noche no tuve ningún sueño extraño sobre brillo dorado, petirrojos o águilas, ni siquiera sobre bodas.

3 comentarios:

  1. espero que se puedan defender de esos desalmados y puedan seguir su viaje
    jane que cortitos los capitulos espero puedas alargarlo un poco muchas gracias

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    1. ¡De acuerdo! algo más largos como el final del capítulo 5 o aun más largos?

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  2. gracias amiga.. felicitaciones.. por ese otro episodio.. cada vez se pone más interesante.. estaré al pendiente a una nueva publicación..

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