Seguí corriendo hasta que mis
pies perdieron coordinación y caí. Me quede en el suelo sollozando. ¿Reina Helena? ¿Es que el Rey no sabe de
todo lo que sucedió?.
La cabeza me martilleaba. …lamento de todo corazón la perdida de sus
padres y hermanos. Las palabras revoloteaban en mi cabeza como polillas que
intentaban volverme loca ¿Por qué la princesa Galia se hacía pasar por mi?.
Millones de preguntas me asaltaban la cabeza una tras otra, me incorpore y me
precipite a un tronco, me abracé de el como si mi vida dependiera de ello y
poco a poco fui cambiando de posición, recargando la espalda en la enorme y
firme madera, deslizándome hasta que toque el suelo y hundí la cara en mis
manos, llore sin emitir un sonido, solo respiraciones temblorosas y lagrimas
mudas.
Se casaría a principios de Diciembre,
alguien en mi nombre se cazaría con el príncipe de Kellmer.
Ahora entendía el porque el Rey Alexander
aprobaba el matrimonio con una invasora y usurpadora del trono. ¡Porque no
sabía que era una maldita mentirosa!, el príncipe se casaría con una impostora,
Grecos se apodaría de tres reinos y cuando eso sucediera, yo no tenía
oportunidad alguna de recuperar lo que me pertenecía.
- ¿Helena? – la voz me sobresalto y
cuando alcé los ojos me encontré con Ian mirándome bastante confundido, de
nuevo los rayos del sol le daban un extraño color rojizo a su cabello. Me puse
de pie de un salto tragándome las lagrimas que salían silenciosas de los ojos.
- ¿Estas bien?
Que pregunta tan estúpida. Lo que era mas
estúpido era: ¿qué hacía Ian ahí?
Lo aparte de un golpe e intente
esquivarlo, pero me detuvo por la muñeca, me sacudí de su agarre sin voltear a
verlo y seguí caminando. No pensaba en que en cualquier momento Roz e Isabelle
llegarían y si veían a Ian sosteniéndome contra mi voluntad las cosas no
saldrían bien, tampoco pensé en que caminaba sin saber a donde iba ni que me
sangraba la rodilla por haberme cortado con una roca al caer. Solo seguía
escuchando el eco de las palabras en mi cabeza, como si las letras que había
leído susurran desde el papel a mis oídos.
Tenía que estar sola, tenía que encontrar un
lugar donde no hubiera nadie mas que mi cabeza. Sin cartas, sin espadas y sin
muertes. Esa carta me taladraba, me rompía aún mas.
- Estoy cansada – me encontré a mi misma
hablando con una voz ronca por el nudo que se formaba en mi garganta – estoy
tan cansada, solo quiero dormir y soñar que todo esta bien y no despertar de
ese sueño, quedarme en el eternamente – Me tropecé con una raíz que salía del
suelo y casi caigo, pero logre recuperar el equilibrio – ¡estúpida raíz!.
Sus padres y sus hermanos…
Reina Helena….
La esperamos…
- ¿Qué haces aquí? – mi
cerebro no funcionaba bien, estaba colapsando y lo único que podía hacer era
preguntar que estaba haciendo ahí. Me detuve y trate de controlarme, mi pecho subía
y bajaba con velocidad y los puños me temblaban -¡¿Qué haces aquí?!
Ian parpadeo varias veces aturdido y volteaba
a ver a todas partes, como buscando hacía donde salir corriendo en caso de que
me pusiera peor.
- Ca…camino al reino por comida- no lo escuchaba, nada estaba claro. Lleve mis
manos a la cara y las pase por mi pelo con fuerza - ¿Helena, que esta
sucediendo?
Parpadee repetidas veces. ¿qué esta
sucediendo?, era una buena pregunta.
- No lo se – temblé y volví a emprender la
marcha mirando mis pies, concentrándome en no volver a caer – déjame sola.
- Helena detente por
favor – rogo Ian tomándome por el brazo.
- ¡No me pidas que me detenga! – explote,
volviéndome a sacudir – No me voy a detener, voy a arrasar con todo,
exactamente como ellos lo hicieron, voy a recuperar lo que es mío, no me
detendré hasta que hayan pagado lo que me arrebataron, hasta que paguen cada vida,
lagrima y momento de dolor que causaron a los que amaba.
Ian me miraba aturdido.
- ¡Y no, no estoy bien!- termine diciendo
apretando los puños, dándome una furiosa media vuelta y grandes zancadas. Ian
no me siguió.
No supe como llegue al campamento, pero
cuando lo hice llevaba tanto tiempo llorando que al entrar solo quedaban mis
ojos hinchados y enrojecidos. La garganta me ardía y cuando hablaba lo hacía
con un susurro casi inaudible.
- ¿Helena?- dijo Isabelle corriendo hacía
mi – lo siento tanto Helena, nadie tenia idea de..
La pase de largo y llegue hasta
Caldor que lucia un moratón el ojo que no estaba ahí antes de que partiéramos,
sonrió al verme y yo borre esa sonrisa bobalicona del rostro al patearlo tan
fuerte en el orgullo que soltó varías lagrimas. Cuando pase al lado de Aarón
pensé percibir una sonrisa burlona que se borro cuando noto que lo observaba,
pero en cualquier caso el también sabía de la farsa y de todo el plan oculto.
Yo ya no estaba para secretos ni disculpas.
Camine hacía el y por un momento sonrió dulcemente
al verme acercarme. Su sonrisa se borro igual que la de Caldor cuando le
propine una patada todavía mas fuerte en el mismo lugar, el golpe iba con más
resentimiento que la de Caldor y con todas las dudas que Aarón me había
plantado en la cabeza desde el día que hui. Aarón grito antes de que el dolor
lo ahogara y las lagrimas le ganaran.
- Eso fue por el “lo siento” – Gruñí. No me
basto y le pate las costillas, se retorció amarrado al tronco – y eso por el
golpe en la cabeza.
Le arranque mi anillo del cuello de un tirón y
entre a la tienda con Isabelle pisándome los talones.
- Que le pongan las bolsas – le dije con la
voz vibrando de ira antes de que ella hablara.
Isabelle no respondió y salió
de la tienda. Regreso a los pocos minutos y me encontró en la misma posición en
la que me había dejado.
- Gracias al cielo que lo hiciste – dijo al
entrar – estaba a punto de hacerlo yo, pero me retuve porque sabía que tu lo
disfrutarías mas.
No escuchaba lo que decía Isabelle, solo
seguía sintiendo el revoloteo de las palabras que estaban en la carta.
- Isabelle, tu y yo sabemos lo que decía la
carta y lo que eso implicaba.
Isabelle bajo la mirada y
asintió.
- No se que esta sucediendo, esto no tiene
sentido ¿por qué se hace pasar por ti?
- Porque sabía que no aceptaría el
matrimonio con una invasora.
- La carta decía dos saludables reinos y Elirdea, en estos momentos, es todo menos
saludable.
- Ya mintió sobre su identidad, nada le
quita mentir sobre el estado del reino.
- Pero el Rey lo notara – dijo ella
abriendo las manos y estirándolas a sus costados.
Negué con la cabeza y cerré los
ojos.
- Para ese entonces ya será demasiado tarde.
Nos quedamos en silenció unos
segundos, cada una con la mirada perdida en distintos objetos, sentía el anillo
quemarme la palma de la mano.
- Estas pálida – dijo de pronto Isabelle,
cambiando de tema de manera radical – tienes que comer algo y luego ir a ver a
Iudir.
- ¿Esta despierto?- pregunte alzando la
mirada.
Isabelle asintió.
- No tengo hambre, tal vez mañana lo vaya
a ver.
- No te estaba preguntando Helena- El tono
de Isabelle dejo bien en claro que eran ordenes.
Y ahí estaba, horas después de
lo sucedido rememorando todo con la mirada perdida en las flamas mientras
masticaba sin ganas, ni hambre. Cuando acabe de comer, Isabelle me arrastró a
la tienda donde Iudir reposaba.
Entre y antes de que me diera cuenta
Isabelle ya me había dejado sola.
La oscuridad abrazaba el lugar
y eso me ponía incomoda, además de que había un silencio demasiado sólido. Me
proponía a salir de la tienda, pensando que Iudir estaba dormido cuando su
ronca voz emergió de las sombras.
- ¿Helena?
- ¿Cómo estas?- le pregunte mientras me
acercaba a el.
- He estado peor- respondió con voz
rasposa.
- Quiero agradecerte, por todo lo que has
hecho por mi.
- Soy un ladrón Helena, no hago nada si
no se que tendré algo a cambio – respondió alzando una ceja.
Aunque sus palabras eran ciertas, sabía que
también era su forma de decir “no hay de
que, en serio, no tienes que agradecérmelo”
- He tenido un mal día Iudir-
El asintió comprensivo.
- Roz me platico de todo lo que ha
sucedido.
- No se que hacer- le dije susurrando.
- Lo que siempre has hecho. Luchar.
Me mordí el labio confiando en
que la oscuridad de la tienda no delatara mis ojos vidriosos. Cambie de tema lo
mas rápido que pude y platique con el de cosas absurdas – lo horrible que se
veía, como las canas ya denotaban en su cabello - hasta que note que hacía un
esfuerzo por no dormirse.
Salí de la tienda y le informe a Umma que
Iudir se había vuelto a dormir.
Me recosté en silencio, sin
intercambiar palabra con Isabelle y para mi sorpresa me quede dormida sin
notarlo, mi cansancio mental y físico habían ganado a miedo y me dormí con los
ojos escociéndome en lagrimas.
Esa noche soñé con aquella misteriosa
figura de sombras que me había visitado el día que asesinaron a mi tía, cuando
dormía en el carruaje y el brillo dorado se reflejaba en los ojos.
Ahí
estaba de nuevo, esa figura sin identidad, sin rostro.
Había una habitación y en un
abrir y cerrar de ojos aparecía un muchacho de cabello color bronce frente a mi
y ojos azul pálido. Yo no estaba en la habitación, pero al mismo tiempo era
todo el cuarto, observando la escena. Un brillo dorado cegó el lugar y entonces
la vi, aquella sombra tétrica que me causaba escalofríos.
Se acercaba al muchacho que ahora dormía
nervioso en su enorme cama, sintiendo que algo andaba mal. El cuarto se
oscurecía a su paso, su capa manchaba de sangre ahí por donde pasaba y la
madera se podría ahí donde pisaba, la figura echaba todo a perder de un lado de
la habitación mientras que del otro lado, emergiendo del muchacho, el lugar
brillaba con todo su esplendor. Poco a poco, mientras mas se acercaba al
muchacho la luz perdía intensidad y daba paso a la desdicha que aquella figura
emanaba, hasta que solo quedo el pobre chico con una luz emanando de su pecho
con debilidad.
Cuando aquella figura ascendió los
escalones que daban al lecho, su capa avanzo con ella y dejo al descubierto el
cuerpo de dos personas, un rey de cabello castaño y una reina de cabello rubio,
con sus coronas tristes y oscuras sobre sus cabezas. Estandartes adornaban las
paredes, presumiendo el magnifico escudo que tanto había estudiado cuando era
chica. Un león con cabellera flameante y roja.
Entonces sobre la cabeza del muchacho brillo
una pequeña corona que parecía mas una diadema de plata que se entretejía y
adornaba la cobriza cabellera del muchacho. Del príncipe de Kelmer.
La figura desenvaino una daga tan larga
como su antebrazo y antes de que pudiera gritar, la encajo en el cuerpo del
príncipe y la única luz restante que daba esperanza a esa horrible escena, se
desvaneció. El lugar comenzó a desmoronarse, rocas cayeron de los muros, la
tierra tembló y el fuego ardió.
Desperté con un grito ahogado, empapada en
sudor y el pecho ascendiendo y descendiendo con violencia.
- Helena ¿¡qué sucede!? – me preguntaba
Isabelle susurrando con desesperación.
Tenía el corto cabello mas
alborotado de lo normal y me miraba asustada desde la oscuridad.
- El príncipe – dije recuperando la
respiración y el habla – tenemos que salvarlo.
Me senté sobre la cama como
estaba Isabelle, para poderla mirar directo a los ojos.
- ¿¡De que hablas!?- insistió Isabelle
tomándome por los hombros y sacudiéndome.
- ¿No lo entiendes? ¡No quiere unir los
reinos de Kelmer y Elirdea! – le dije tomándola por las brazos y sacudiéndola
con gentileza - ¡Quiere consumir Kelmer!. Hará lo mismo que hizo a Elirdea.
Isabelle abrió los ojos de par en par y
vi que comenzaba a entender de lo que
hablaba. Las dos teníamos los corazones latiéndonos a velocidades alarmantes.
- Va a conquistar dos reinos – susurro
ella – quiere adueñarse de todo.
Asentí con la cabeza una y otra
vez poniéndome de pie.
- Tenemos que hacer algo Isabelle, si no
lo hacemos todo caerá en desgracia.
Isabelle se puso de pie de un
salto y abrió la boca para responderme.
Un niño afuera chillo y nos causo a todos
que los pelos de la nuca y de todo el cuerpo se erizaran. Salimos corriendo de
la tienda para encontrarnos con el metálico olor de la sangre y la muerte.
Isabelle cayo de rodillas al suelo y gimió de
tristeza sobre el cuerpo ensangrentado. Se coloco sobre el de manera
protectora, como si pudiera protegerlo de que alguien lo lastimara y su camisón
comenzó a mancharse de sangre que brillaba cristalina bajo las estrellas.
El alma se me cayo a los pies y sentí la
sangre helarse, un escalofrío me recorrió la espalda y me causo calambres que
me hicieron caer a un lado de Isabelle. Extendí la temblorosa mano sobre el
dorado cabello de Henry para sentir la viscosa sensación de la sangre, sangre
fría, empapando su melena.
Siguiente Cap ---->

que diablos paso? quien les hizo esto oooo mi niña ya quiero mas esto esta muy bueno besos
ResponderEliminaruhhhhhh quiero masssssss!!!
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