sábado, 22 de febrero de 2014

Capítulo 6. Parte 2

Antes de comenzar quiero decir que este fue uno de los capítulos que, por algún motivo, más me gusto escribir. Por algún motivo me es más fácil escribir a Helena cuando se siente confundida o baja la guardia y este capítulo esta lleno de esos momentos. Espero que a ustedes les guste ver nuestra protagonista sin la dura mascara de roca de vez en cuando y si no les encante, al menos disfruten leer esta segunda parte del capítulo 6.

Sin más que decir, me despido.
Besos Jane.


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Parada frente la inmensa pared de roca y con el cuello adolorido por lo alto que lo alce, entendía de que hablaba Ian cuando las maldecía. Era enorme, tendríamos que rodearla hasta ver por donde podíamos escalarla y luego llegar hasta el otro lado.
     - Es por esto que uno tarda semanas en llegar. Si la rodeamos nos llevaría el doble de tiempo que escalarla.- Ian tenía la misma cara que yo y analizaba la situación.
    Sople un mechón de cabello fuera de mis ojos y gruñí.
   - Debemos de darnos prisa entonces – ajuste la mochila de nuevo a mis hombros y adolorida espalda y comencé a buscar con la mirada un lugar para comenzar –, no podremos ver nada de noche.

    Ian dejo su mochila en el suelo y después de unos segundos de rebuscar en ella, finalmente saco una larga soga enrollada y un pico enorme curveado en la punta. No hice preguntas, nunca había escalado antes una pared de piedras y el si, así que deduje que sabía lo que hacía.
   Pasamos unos segundos buscando el lado menos liso de la enorme desnivelación hasta que Ian encontró el lado “ideal”, como el mismo lo había llamado.
     Ato un extremo de la cuerda al maso del pico y me pidió que me apartara. Comenzó a hacer que el pico diera vueltas en el aire, si no me hubiera apartado, en una de esas el enorme metal me habría arrancado la cabeza. Después de unos segundos Ian soltó el aire de su pecho y el pico, el cual salió volando se clavo en la pared, muy cerca ya del borde. Tiro de la cuerda con fuerza un par de veces para verificar que estaba bien anclado y sonrió complacido.
          - ¿Qué estas haciendo? - Le pregunte mientras me acercaba a él.
          - ¿Sabes escalar? – respondió él, ignorando mi pregunta. Lleve mis manos a las caderas y alce una ceja, era obvio que no sabía, en el bosque de Elirdea no existían esas cosas y yo no había salido fuera de el desde los 16 años y antes de eso, no escale nada mas allá de la pequeña barda del jardín. Ian suspiro –, no es tan difícil. Un pie después del otro, no apoyes todo tu peso en el hasta que estés segura de que es firme, igual con las manos. Solo haz lo que yo ¿de acuerdo?
       - De acuerdo – dije, sin apartar la mirada del pico.
       - Es por si caemos – respondió el aclarando mis dudas mientras se ataba una parte de la cuerda a la cintura y dejaba un  buen pedazo más de sobra–, nos dará unos segundos para encontrar de donde agarrarnos de nuevo antes de que el peso lo venza.
  Volví a mirar donde el metal estaba atorado, confiando en que no nos dejaría caer.
    Cuando sentí sus manos en mi cintura, involuntariamente di un pequeño salto hacía atrás apartándome del contacto. Me encontré con la mirada desconcertada de Ian y la boca levemente abierta por la sorpresa. Mi cerebro tardo en procesar que no era Flynn, que estaba segura y que ya hacía años de esa escena. Ian llevaba la cuerda en sus manos y seguía mirándome atónito.
     Carraspee avergonzada por haber reaccionado como conejo asustado.
     - Yo…yo lo hago – dije sin mirarlo a los ojos, solo extendí mi mano y él dejo la cuerda en ella.
   Me até la cuerda lo mejor que sabía y comprobé que no se soltaría.
Ian comenzó a escalar y yo con él. Al principio no se me hizo difícil, pero conforme tomábamos altura  cada vez nos costaba más trabajo encontrar un lugar donde apoyarnos. Procuraba pisar y agarrar los mismos lugares que Ian, pero él a veces daba un paso demasiado grande gracias a su altura, lugares que yo no podía alcanzar sino hasta dos pasos más.
  Probablemente llevábamos 10 minutos escalando.
        - No mires abajo. – Ian estaba concentrado en donde pondría su pie la próxima vez y como si hubiese dicho lo contrario baje los ojos y asome la cabeza por encima del hombro. Una horrible sensación de vértigo me invadió y solté un grito ahogado. – Déjame adivinar…acabas de hacer exactamente lo que te dije que no hicieras.
      - Tal vez – trate de controlar mi miedo a caer y cerré los ojos unos segundos para volver a enfocarme.
  Faltaban tres metros para llegar y ocho metros de caída.

Ian avanzo y la cuerda que ataba mi cintura me jalo y forzó a avanzar igual, no estaba preparada y prácticamente puse el pie en el primer lugar que sentí podía apoyarlo. La roca se rompió bajo mi peso y fue gracias a mis manos que no caí y me lleve a Ian conmigo. El corazón subió a mi garganta, mi caída jalo a Ian hacía abajo y su mano derecha resbalo por la roca, cortándole la mano, soltó un gruñido de dolor y de sorpresa.
      - ¡Helena, encuentra en donde apoyarte! – gruño (o grito), yo estaba colgando. Los dos pies se movían desesperados por encontrar un lugar donde ponerlos, mis manos dolían por la rugosa superficie cortándolas poco a poco, cada mano en una roca. Si no encontraba donde ponerlos caeríamos y algo me decía que el pico no nos salvaría.
       - ¡No puedo! – grite aterrada - ¡no hay donde!
      - ¡Helena!
Solté un grito, muy parecido al que solté cuando tome fuerza en el rio para subir al tronco que me salvo la vida y con toda la fuerza que tenía en esos momentos, me impulse solo con la ayuda de mis brazos a una roca que quedaba un poco más haya de donde colgaba mi rodilla, insertando mi pie en el pequeño hueco.
   Quede a la altura de la cadera de Ian, mi mano derecha se había cortado un poco y me ardía con el contacto de la tierra. Me pegue a la roca y cerré los ojos.
      - Helena – la voz de Ian me devolvió al mundo, estaba agitado y lo sentí respirar con rapidez – falta poco, unos cuantos pasos más y llegaremos.
   No abrí los ojos, pero asentí con la cabeza. Fue cuando sentí a Ian moverse que yo también lo hice, esta vez, de verdad que no mire para abajo.
  Cuando llegamos al final, nos dejamos caer, ambos cansados por el susto. Nos costo unos segundos recomponernos.
    Me senté y mire el borde, estuvimos a punto de tener un trágico final, pero de nuevo estaba viva, volví a ganarle a la muerte.
  Poco a poco comencé a reír. La risa se sentía rara después de tanto tiempo, las lagrimas llegaban a mis ojos, no conseguía parar y abrace mis rodillas. Ian se incorporo de golpe y me miro claramente aturdido.
     - No estamos muertos – dije entre risa y risa – no estoy muerta, no aún.

Ian, a pesar de la confusión y el susto también sonrió levemente, pero su sonrisa se borro por la mueca de dolor que le causo su mano.
   No la había visto antes, la sangre le había manchado la palma y de seguro todas las diminutas piedras que se habían incrustado en la piel ardían. Deje de reír, regresando a la cordura y tome con cuidado de no tocar la herida, la mano de Ian.

   Era una mano grande, probablemente tres de sus nudillos equivalían a todos los míos y daban la impresión de que un golpee de ellas seguro te apagaba las luces. La cortada iba en diagonal y cruzaba toda la palma, no era profunda –por fortuna- pero tampoco era superficial y tenía que cubrirse o podría infectarse.
     Pase los dedos con cuidado sobre la herida, la mano tembló un poco por el contacto.
  - No esta tan mal – dije sin apartar la mirada – he tenido peores y de seguro que esta no pasa de unos días de incomodidad.
   Alcé la vista a los ojos de Ian, pero de inmediato la volví a apartar, incomoda por la manera intensa que él me observaba. Me levante y ajuste la mochila intentando no toparme con sus ojos.
    - Si sabes donde hay agua para lavarla, – le daba la espalda y buscaba por donde continuar el camino –, podría ser de ayuda.
    - Creo que hay un lugar a unos minutos de aquí.
    - Supongo que eso servirá.

No fue difícil encontrar la ladera que nos devolvía al nivel el suelo,  fue mas que difícil, casi imposible; nos tomo una hora bajar la desnivelación, la roca se había colapsado en varios lugares lo cual nos forzaba a buscar otras opciones y finalmente terminamos saltando de lugar a lugar y con la herida de Ian, nos llevo mucho más tiempo, pero finalmente estábamos de nuevo en camino.

   Ian nos guió hasta un pequeño arroyo que parecía estático, lo cual fue perfecto para mi. Después de que George me aventó al río, desarrollé un miedo irracional al agua. Cuando Iudir me rescato y la herida había sanado, practique semanas enteras para controlar mi fobia y logre hundirme hasta las axilas, fue lo mas lejos que llegue y hasta el día de hoy es lo más que lograba hundirme, pero cuando pierdo el suelo unos segundos o si el agua llega a mis hombros; el miedo se adueña de mi y me fuerza a salir asustada del agua. Nunca me he apartado mas de ocho pasos de la orilla, pero si hay corriente no puedo hundirme ni a la cadera.
    Me acerque cautelosa a la orilla mientras Ian se sentaba a mi lado y hacía una mueca de dolor. Hundí las manos en el agua y sin poder evitarlo tuve que inhalar y exhalar con cuidado y controlar los flashbacks, limpie la pequeña cortada que yo tenía y lave mis manos antes de pedirle a Ian que hundiera las suyas.
       En cuanto la herida hizo contacto con el agua la sangre comenzó a teñirla débilmente, eso me regreso a ese recuerdo hace tres años, cuando mi propia sangre emanaba de mis costillas, tiñendo el agua. Mordí mi lengua para controlarme. Ian parecía no notarlo y hacía esfuerzo porque su mano dejara de saltar y temblar cada vez que tocaba la herida para limpiarla.
   Finalmente, cuando estaba limpia y ya no había tierra que infectara la carne saque unas vendas de mi maleta y comencé a vendar su mano con cuidado de ajustar la venda para parar la hemorragia pero también dejar que la sangre pasara y no doliera la presión.
    - Listo – su mano estaba limpia y pulcramente vendada. Era muy poco probable que causara problemas si no la forzaba por el resto de hoy y mañana.
  Sin esperarlo Ian tomo mi mano y la volteo, dejando que mi palma luciera una cicatriz perfecta y lisa, causada por un corte limpio, muy distinta a la cicatriz que quedaría en la palma de Ian. Lo mismo había hecho Aarón cuando cometí el terrible error de dejarlo escapar.
    Un calambre me recorrió la espalda, la sensación de las manos de Aarón acariciando mi herida me asalto de nuevo. Carraspee e involuntariamente lleve una mano a mi cadera para detener esa sensación.
      - Es de hace años, fue un accidente aprendiendo a usar los cuchillos – mentí con poca credibilidad. Quite mi mano con un rápido movimiento y me apresure a ponerme de pie -¿ahora hacía donde?
   Se puso de pie, pero no tomo su mochila.
     - Ahora descansamos – parpadee repetidas veces pensando que no había escuchado bien – podrías tomar un baño, te hace falta- dijo Ian, arrugando la nariz.
   Apreté los dientes indignada, pero de inmediato, comenzó a invadirme esa sensación de intranquilidad cada vez que tomaba un baño. Eso significaba hundirme más de lo que mi miedo me permitía. Mire el agua y trague saliva. 
  Mire a Ian desconfiada y el entendió mi mirada.
     Se rió – no voy a espiar – dijo el tomando su mochila y pasándome de largo –, de todas formas no hay nada que ver.
    Sentí una punzada en mi orgullo, pero la pase por alto. Sabía que no espiaría.
Había guardado cinco camisas limpias, la que llevaba ahora era color crema y decidí que la siguiente en usarse sería la gris.
    La saque de la mochila y la coloque sobre la rama del árbol más cerca al agua. Solté la desecha trenza y masajee el adolorido cuero cabelludo, rebusque un poco más en la enorme bolsa y saque un jabón en barra, que deje en la orilla. Cuando finalmente llego el momento de sumergirme un escalofrío me recorrió la columna vertebral. El oro del anillo contra mi cuello se sintió mas frio de repente.

    Poco a poco me sumergí y el frió del agua me puso la piel de gallina, cuando el agua me llego a las costillas y cubrió una gruesa e irregular cicatriz que empezaba en un circulo un poco hundido en donde terminaban las costillas, pero zigzagueaba por la última de ellas hasta una parte de la espalda, sentí el miedo hacer su trabajo.
    Comencé a lavarme lo mas tranquila que podía y controlar el temblor en mis manos. Enjabone el pelo y me tarde más de lo normal en enjuagarlo, nunca sería capaz de hundir la cabeza, no importa cuanto lo intentara, no podía.
   La arena bajo mis pies se removió un poco y hizo que me resbalara hasta que el agua llego a mis hombros. Chille, porque por un momento pensé que era George jalándome al fondo. Di brinquitos y salí del aguacon el corazón en la garganta, me deje caer en la orilla con el agua hasta las pantorrillas.
      - ¿¡Helena!? – Ian me había escuchado chillar - ¿¡Helena, estas bien?!
  Lo escuche acercarse.
     - ¡Estoy bien! – me apresure a gritar antes de que llegara – Estoy bien. No pasa nada - Ian dejo de acercarse.
      - ¿Segura?
      - Si, si, estoy bien – respiraba con dificultad y me sentía débil – estoy bien.

Pegue la frente al suelo y poco a poco controle mis respiraciones. Me había vuelto a ensuciar y ahora estaba toda enlodada de un costado. Regrese al agua y volví a lavarme la tierra del pelo y el cuerpo. Después de media hora salí del agua y me seque.

   Cuando llegue junto a Ian, estaba sentado en una roca claramente aburrido.
     - ¿Fuiste a bañarte al lago o a hacer el lago? – dijo cuando llegue – pensé que moriría de viejo antes de que acabaras.
     - Me tomo mi tiempo – llevaba la toalla en mis manos y tallaba las puntas de mi pelo para secarlas. No me había puesto el corsé y estaba disfrutando de la libertad que eso daba – fuiste tu quien insistió en que tomara un baño, tu también deberías de hacerlo ¿sabes?

  Ian se puso de pie, llevaba en sus manos una toalla y ropa limpia.
     - Me asegurare no tardarme todo el día ¿y que fue ese grito he?.
Trague saliva.
     - Un sapo – mentí – se me subió a la espalda.
Ian se rio mientras se alejaba.

  Aproveche el tiempo que Ian estuvo en el lago para secarme el pelo y guardar mis cosas. Cuando estuvo prácticamente seco me recargué en un tronco y sin darme cuenta el sueño me venció. Enfrentarme al agua me agotaba.
     Ian me despertó. No tarde en estar despierta por completo, solo había dormido unos quince minutos. Ian llevaba el pelo revuelto y húmedo, una camisa claramente limpia y olía a jabón.
       - ¿Nos vamos ya? – pregunte poniéndome de pie y estirándome como un gato.
 Ian asintió y comenzó a guardar su ropa sucia.
  Di unos pasos para tomar el corsé tirado en el suelo y comencé a ponérmelo, tenía las manos débiles por el sueño y me costo trabajo ajustarlo bien, pero me apresure a lograrlo antes de que Ian se desesperara y ofreciera su ayuda.
       Definitivamente me sentía mejor y mas fresca después del baño y el resto del día transcurrió rápido. Incluso los próximos tres días transcurrieron como un parpadeo. Eran cortos y las noches largas, nos deteníamos para comer o cambiar la venda de Ian.
  Y antes de que me diera cuenta, llevábamos cinco días, faltaban 13.

5 comentarios:

  1. muyy bueno me gusta esta helena que baje la guerdia un poco ;) espero el siguiente capitulo! :D

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  2. muy buen capitulo jane cada vez es mejor esperando el proximo
    el cambio debo decir que me emcamto se ve muy bien haci

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  3. muy buen capitulo y debo decir que me ncanto el cambio
    se ve distinto y ne gusta nucho espero a ty y a las demas tambien les parezca haci un beso y esperando por el proximo capitulo

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  4. Hola.. muy buena esta parte me gusto bastante .. espero la tercera parte pronto.. espero que Ian no la traicione .. él actúa muy extraño.. felicitaciones... esto se pone cada vez mas interesante.. Amiga...

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