Antes que nada quiero mega disculparme por el inmenso retraso de dos semanas. Acabo de mudarme hace unos meses y el internet ha sido una lata desde entonces, decían que lo arreglarían el sábado, funciono por unos minutos, pero termino fallando.
Ahora estoy conectada por medio de un celular que me comparte internet, porque siguen sin poder hacer nada. De verdad que ha sido una situación muy estresante el ver como el blog cae sin que yo pueda hacer nada, espero comprendan y vuelvan a seguir la historia.
Besos Jane.
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- Suéltame – susurre antes de apartar a
Henry de mi camino y adentrarme en el bosque.
- ¿¡Que es lo que te sucede Isabelle!? –
escuche gritar a Henry - ¿¡Te has vuelto loco!?.
Sus voces se fueron perdiendo
mientras avanzaba sin gracia y desesperación por el bosque. Las lagrimas
inundaban mis ojos y nublaban mi visión.
Cacé hasta el anochecer. Había cazado tantas
liebres y había disparado con tanta fiereza que las flechas atravesaban por
completo a los pobres animales. Llevaba fácil quince liebres y estaba preparando
mi arco para la numero dieciséis cuando un dejabú me recorrió los huesos.
La liebre se puso en posición de alerta y
del otro lado note movimiento. No cometería el mismo error, me puse de pie y
apunte al misterioso bulto que seguramente ya había notado mi presencia. La
liebre salió corriendo a toda velocidad.
-Bonito y de buen modo, quiero que te
pongas de pie con las manos donde pueda verlas.
Pero, no hubo nada, tense mas
el arco.
- Bien, bien – escuche decir del otro
lado de los arbustos y vi unas masculinas manos alzarse antes que su dueño –
piedad madame.
Poco a poco su cuerpo fue apareciendo entre
los arbustos. Era definitivamente un cazador, para su suerte uno de Elirdea, el
cabello estaba alborotado y era del color de la corteza de los arboles, pero con el contraste del sol lo hacía
parecer un tipo de pelirrojo débil y brillante gracias a los rayos de luz que
lo iluminaban. Tenía unos ojos del color de la canela que se abrieron de par en
par cuando vieron los míos. Hizo ademan de hacer una reverencia, pero lo frene.
- ¿Qué estas haciendo aquí? – le pregunte
sin dejar de tensar el arco.
- Esta herida – fue lo único que atino a
responder.
Torne los ojos.
- ¿Es que no hablamos el mismo idioma? No
te pregunte si estaba herida o no, en cualquier caso es estúpido decir algo así
por que estoy perfectamente consiente de que voy a tener un largo baño tratando
de quitarme la sangre del pelo. Ahora responde mi pregunta.
El hombre parpadeo repetidas veces confundido,
pero finalmente respondió.
- Me llamo Ian Fletcher majestad, soy
simplemente un cazador que vive en el bosque. Mi padre sirvió en su castillo se
llamaba…
- Otto- complete yo. El apellido Fletcher
fue suficiente para que mi memoria se pusiera a trabajar – eres el hijo de
Otto.
- ¿Conoció a mi padre majestad?
Majestad, aquella palabra había llegado a odiarla.
- Recuerdo una cena en la que tu padre
presumió a todo el servicio que el enorme ganso que había para cenar lo había
casado su hijo de 14 años. Entonces yo tenía 11, pero lo recuerdo por que todo
el mundo se burlo de mi hermano que no podía cazar ni un caballo dormido.
Una sonrisa melancólica me ilumino el rostro
unos segundos mientras hablaba con la mirada perdida en algún punto de mi
pasado, pero la hice desaparecer cuando note que Ian también la había visto.
Baje el arco y suspire. Ian bajo las manos y me dedico una reverencia en la que
se quedo en cuclillas apoyando sus manos sobre la rodilla flexionada y bajando
la mirada.
- Por dios santo, ponte de pie ahora
mismo – le dije entornando los ojos.
El hombre obedeció y se puso de
pie.
- Esta herida majestad.
- No me llames así – solté de golpe
mientras me daba media vuelta para recoger a mis quince liebres – y no es nada.
Me agache y me coloque las liebres al hombro
di media vuelta y me encontré con el cazador que observaba claramente
impresionado mi cargamento. Su expresión me divirtió.
- Eso supera al ganso – dijo llevándose
cruzando los brazos sobre el pecho y sonriendo burlonamente – déjeme ayudarla.
- Por favor no – le dije extendiendo una
mano para ordenarle que no se acercara – ahora vete, da media vuelta y olvida
que me has visto, no soy mas que un fantasma ¿entendiste? – comencé a caminar y
me detuve en seco al escuchar que el también caminaba y no en la dirección
contraria, como le había ordenado. Mis sentidos de alerta se activaron y lleve
mi mano a la daga, di una brusca media vuelta y el arma quedo a centímetros del
alarmado hombre.
Parpadeo asustado y se quedo completamente
quieto, era alto, tan alto como Aarón y tenía que alzar la mirada y la barbilla
para poder mirarle a los ojos cuando lo tenía muy cerca.
- Te ordene que te fueras – sisee – no
he tenido un buen día como podrás ver, estoy muy sensible y me enojo con
facilidad. No te lo repetiré de nuevo. Da media vuelta y vete, no me volverás a
ver y olvidaras que alguna vez lo hiciste.
Para mi sorpresa el hombre si se alejo, pero
se sentó en una roca.
- Entonces hablare con un fantasma – dijo
el encogiéndose de hombros.
- ¿Cómo dices?
- Lo mejor cuando se tiene un mal día es
hablar de ello y usted misma ha dicho que es un fantasma.
Negué con la cabeza.
- No
voy hablar de nada…
- Nadie dijo que fuera usted quien hablaría.
Esta vez fui yo la que
parpadeo. ¡¿Quién se creía?! Hace cinco segundos se había arrodillado frente a
mi, ofrecido su ayuda y casi gritado cuando la daga se presiono sobre su pecho
y ahora me hablaba como si ignorara la
presencia del arma. Apreté los puños, tenía que relajarme. “Uno” inhala. “Dos”
exhala.
A pesar del descaro, sonreí y termine por
encogerme de hombros, tratando de actuar como mejor podía estar relajada aunque
estaba en completa alerta y sui a sentarme en una roca frente a él.
“Esta loco” pensé en decirle. Tome aire y
abrí la boca para hablar:
- Soy toda oídos – dije en cambio.
El hombre comenzó a hablar de
cómo había estado teniendo problemas para conseguir comida, pero que después de
ver mi cargamento el misterio de la escases de liebres se había resuelto.
Sonreí divertida por su ocurrencia y seguí escuchando.
El reino estaba cada vez peor, cada vez
menos comida y los soldados estaban vueltos locos de poder.
- … por eso deje de cazar para el palacio–
dijo el – no me fue fácil, pero finalmente logre salir de ese lugar. No me
dejaron seguir viviendo en el reino, dijeron que un “desertor” no era digno de
la protección de sus paredes.
- No es justo – dije yo negando con la
cabeza. Aunque después de pensármelo un poco caí en la cuenta de que muy pocas
cosas eran justas en estos días. Ian me miro de hito en hito y me forzó a
apartar la mirada.
Ian se encogió de hombros.
- Así que ahora vivo en una pequeña cabaña
en el bosque a unos kilómetros de aquí.
Hace mucho tiempo que no entro en una casa –pensé – al menos no una con piso, paredes y techo.
- Sus ojos son muy curiosos ma…- su palabra
se corto cuando le dirigí una mirada asesina – Helena. Nunca los había visto.
Debo de decir que nunca me creí eso de que fueran grises como la luna, pero
ahora que los veo he de admitir que son muy bellos.
Me sonroje sin remedio y volví a apartar la
mirada.
- ¿Qué hay de mi padre? – le pregunte sin
voltearlo a ver.
Ian inclino un poco a cabeza
sin lograr comprender.
-¿Qué hay de mi padre y sus ojos? Los de el
eran más grises que los míos.
- Siempre pensé que era mera herencia, pero
cuando se rechazaron a los primeros dos hijos y se le acepto a usted como
heredera al nacer bajo la luna llena, bueno, puede decirse que comencé a
sospechar.
Hablar de cuando nací o cuando era niña era
algo que no me gustaba, me provocaba dolor y siempre evitaba esas charlas o
pensamientos a toda costa.
-
En cualquier caso – dijo el estirándose y tronándose los huesos de la espalda
como hacía Isabelle – es muy tarde para cazar y apuntar a cazadores.
Sonreí.
- Hoy en día somos las mujeres quienes
tenemos que hacer las cosas bien. Los hombres son un desastre.
Ian rio y la calidez de su risa me
sorprendió.
- Supongo que tiene razón. Mientras usted
carga con trece…
- Quince – corregí orgullosa.
Volvió a reír.
- Quince liebres yo solo he logrado dar con
cuatro. Bueno, no es que sea mi culpa que usted se las acabe todas en un par de
horas. Aunque esta tan llena de hojas que seguramente piensan que es un arbusto
mas.
- Ha sido una platica agradable señor
Fletcher, pero he de retomar mi camino sola.
- No bromeaba cuando decía que no la
volvería a ver ¿verdad?
Me encogí de hombros levemente
y alce una ceja como diciendo ¿qué puedo
decir?
- No, no bromeaba-
Me puse de pie y me estire, las
rocas no eran un asiento cómodo para charlar.
- Si me permite preguntar- comenzó Ian
mientras el también se ponía de pie - ¿cómo se hizo la herida?
- Una persona con tan poco control de ira
como el mío me lanzo una roca a una herida reciente.
Sus ojos brillaron divertidos
por mi respuesta.
- No puede estar hablando en serio-
respondió cruzándose de brazos.
- Tengo una vida extraña señor Fletcher.
Ian volvió a reír.
- ¿Sabe donde hay gente realmente extraña?
En Kelmer
- ¿Kelmer? – no pude evitar ocultar el
brillo de curiosidad de mis ojos.
Ian asintió
- Toda la gente es demasiado alegre y
siempre parece estar soleado.
- Suena un lugar bastante agradable
- Lo es, solo que hace a todo foráneo
sentirse un ogro.
Ladee un poco la cabeza
pensando en como me vería la gente de Kelmer.
- ¿Cómo es que ha ido a Kelmer?
Para mi sorpresa el cazador se
tomo su tiempo en contestar, como si en su cabeza eliminara partes de la
historia que seguro eran importantes, pero no eran para que yo las conociera.
- Un encargo de la Reina.
Aunque intente disimularlo, la rabia
se despertó dentro de mi.
- ¿Qué clase de encargo?
- Hace muchas preguntas madame- respondió
Ian y algo en el tono no me agrado, la mandíbula demasiado apretada y los
hombros muy tensos, pero decidí pasarlo por alto aunque no era tonta, me puse
en tensión para estar prepara en cualquier caso.
- Me lo dicen seguido – respondí – es mi
naturaleza, supongo que se ha hecho una costumbre desde que fui la última en
enterarme que ya no tenía nada, desde ese entonces me gusta estar bien
informada señor Fletcher.
Tenía una lengua filosa la cual seguía
disfrutando usar, Ian ladeo la cabeza tan ligeramente que casi lo pasaba por
alto. Sonrío aunque sus ojos no lo hacían.
- Si insiste en saber, eran unas pieles de
un lobo blanco que solo vive en los bosques de Kelmer.
- Me sorprende, no solo ha ido a un reino
que esta a dos semanas y media de camino, sino que además conoce sus bosques y
animales. Podría decir que ya vivió mas de lo que muchos hombres pueden solo
soñar. Debió de ser un honor matar para la reina…es lo único que ha hecho la
gente desde que ella llego después de todo.
Ian trago saliva tenso.
- Sus bosques son diferentes a estos – dijo
de repente cambiando el tema de manera radical.
- Hábleme de eso – respondí no retando a la
suerte.
Ian se recargo en un tronco a
sus espaldas y movió sus ojos de un lado a otro como intentando buscar dentro
de su cabeza los recuerdos de aquel paisaje.
- Los arboles son mucho mas altos y no son
tan espesos, hay muchos arboles, pero definitivamente es mas fácil caminar por
esos bosques que por estos. Los animales abundan de manera enfermiza, solo
tenía que caminar unos cuantos minutos antes de encontrar un ciervo, un zorro o
una liebre.
Me imagine lo maravilloso que eso sería para
el campamento en estos momentos.
- Lo que mas me gusto fue la increíble
altura de los arboles – continuo, alzando la mirada y cabeza al cielo, como
intentando medir con los ojos cuan altos eran – eran fácil cinco hombres mas
altos que estos y había riachuelos bastante seguido, las desnivelaciones
abundaban y eso era un estorbo¿sabe? Tenía que rodear las malditas rocas hasta
encontrar el camino que me llevaba a los pueblos.
- No podía ser perfecto después de todo-
añadí
- Los predadores también abundan, en varias
ocasiones me encontré con lobos.
Fruncí el ceño confundida.
- ¿No eran lobos los que buscaba?
- Si, cierto, pero buscaba a unos de piel
completamente blanca. Los que me atacaban era grises y marrones, no me servían.
Asentí con la cabeza demasiado rápido y
sentí una punzada de dolor en la nuca, fruncí el ceño y me mordí el labio. Ian
lo noto y volví a despertar su interés.
- En ese caso ¿Cómo se hizo esa herida
inicial?
- ¿Cómo? – respondí cerrando los ojos con
fuerza para tratar de ignorar el dolor.
- Me dijo que alguien le aventó una roca a
una herida reciente, ¿cómo se hico la herida inicial?
Para responder a ello me lo
pensé un poco mas, como Ian cuando respondía a mi pregunta sobre el motivo de
su visita a Kelmer. Llegue a la misma conclusión que el, no era necesario
entrar en detalles de quien la había hecho o bajo que circunstancias, cuando
Ian noto que me tardaba en responder, hable.
- Me golpearon con una copa.
Ian parpadeo sorprendido y
descruzo los brazos un poco mas serio. Me reprendí a mi misma por haber hablado
y aparte la mirada.
- No, no…bueno si, pero no ha sido con maldad,
fue solo que… tal ves no debió de golpear tan duro, pero… - decía tratando de
responderme mas a mi misma que Ian, era la
pregunta que me había formulado cuando note la gravedad de la herida y ahora
mis pensamientos salían en palabras. Suspire y me lleve la mano a la nuca para
palpar la herida, hice una mueca de dolor y aparte la mano – Buenas noches Ian
– dije cerrando los ojos un segundo dando a notar mi agotamiento – me ha
gustado platicar contigo. No intentes seguirme
Me di media vuelta y me aleje sin esperar respuesta.
No lo escuche caminar detrás de
mi cuando me interne en el bosque pero de todas maneras camine en círculos un
buen rato, hasta que estuve completamente segura de que no me seguía y
finalmente retome mi camino hasta el campamento. Llegue cuando el atardecer
había terminado hacía ya una hora.
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no te preocupes esas cosas pasan muy a menudo me alegro que pudieras publicar el capitulo me gusta tu historia y espero pronto poder leer mucho mas saludos
ResponderEliminarGracias! De verdad que fue la cosa mas frustrante de todo el universo lo que viví en esas dos semanas.
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