- Gracias al cielo Helena – escuche decir a
Roz cuando me vio llegar – fuimos a buscarte después de la cuarta hora, pero no
te encontramos. Pensamos que te habías desangrado y que…
- Estoy bien Roz- dije interrumpiéndolo –
solo fui a cazar – suspire – como siempre que hay problemas.
- ¿Qué sucedió con Isabelle ahí atrás he?
-
Solo una pequeña pelea
Los ojos de Roz se abrieron de
par en par.
- ¿Una pequeña pelea, Helena? Isabelle
volvió a abrirte la cabeza cuando te lanzo una roca ¡una roca!- el tono de voz
de Roz era alto pero no llagaba gritos y los movimientos que hacía con los
brazos lo hacían ver bastante divertido – y luego tu gritaste como una posesa
antes de salir de la tienda a zancadas.
- Roz, te he dicho que estoy bien – repetí
y lo esquive.
Llegue frente a Alma que sonrió
al ver mi carga.
- Esta vez asegúrate de que te toque una
buena porción Alma- le dije mientras depositaba los animales en una mesa que
usaba para despellejarlos.
Pase al lado de Aarón y vi que dormía,
agradecí por eso. Respire hondo frente a la entrada de la tienda y me arme de
valor antes de entrar.
Isabelle estaba sentada sobre su cama.
Abrazaba sus piernas con los brazos y tenia la cara escondida en ese pequeño
caparazón. Me escucho y alzo la cabeza sonriente al verme con vida.
- Gracias al cielo – dijo mientras se ponía
de pie de un salto y corría a abrazarme – pensé que te había matado, lo siento
tanto Helena, no debí de reaccionar de ese modo, lo siento.
Le devolví el abrazo y la aparte con
gentileza, tenia los ojos llorosos.
- No te preocupes- le dije.
Isabelle se sorbió la nariz.
- Perdóname, Helena.
- En cualquier caso si quieres
compensármelo ayúdame a lavarme el cabello.
Isabelle sonrió y asintió con
la cabeza.
Isabelle cumplió con su promesa y dejo mi
cabellera impecable. Todos comimos las liebres que habíamos cazado. Cuando me
fui a acostar rememore la platica que había tenido con Ian.
- ¿Había hecho bien en dejarlo ir?- pensaba
con la mirada perdida en el techo – no parecía muy fiel a la nueva corona y
tampoco daba el aspecto de ser un hombre malo. Por impresionante que pareciera
confiaba mas en el que en Aarón. Aarón, quien me había golpeado tan duro en la
cabeza que casi me mata. No lo entendía, yo le había ordenado que lo hiciera,
pero no pensaba que me golpeara con tanta fuerza, no sabía si se le había
pasado la mano o si de verdad sabía la medida exacta de fuerza que estaba
usando, disperse esos pensamientos con un movimiento de cabeza. Los disperse
mas por no querer creerlo que porque sonaran ridículos.
Suspire y pensé en la vida de Ian antes de que lo sacaran del reino, en
lo triste que se había puesto cuando hablo de ello. Me preguntaba si yo me veía
de ese modo cuando hablaba de mi propio pasado y los seres queridos a los que
yo había perdido. Seguro que sí, el perder a alguien amado dolía de una forma
diferente a como dolía un conocido, era como un hueco en el pecho que se
esparcía, como la peste y te carcomía por dentro; un vacío con el que se tiene
que luchar día a día y cada vez que se mencionaba ese nombre que se extraña.
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Años de paz y la tranquilidad del alma, puden ser aplastados
por segundos de dolor.
Anonimo
La noche había caído. Y
masticaba con lentitud mientras perdía la mirada en el fuego, y recordé todo lo
que había sucedido en la tarde. Habían pasado dos días desde que me había
topado con Ian en el bosque y el interrogatorio pasado que le hicimos a Caldor fue mucho menos jugoso y...doloroso que el de hoy en la mañana....
Mi mano de nuevo estaba manchada en
sangre. Aunque había sido mas condescendiente con Caldor esta vez al sacar el
cuchillo en un movimiento curvo, no podía evitar que sangrara.
Esta vez no se había desmayado, pero el dolor
lo hacía pensar con mas lentitud y después de una hora ya no decía nada mas que
solo gruñidos de dolor. Hasta el momento sabía que la reina se casaría con el
príncipe de Kelmer, un reino lejano, nunca me habían hablado mucho de el por su
lejanía y por la gran extensión de bosque y montañas que separaban a los reinos
no significaban una amenaza, el hecho de que la nueva reina se interesara por
Kelmer no podía ser nada bueno. Kelmer era una tierra mucho mas prospera de lo
que había sido Elirdea en su momento de apogeo y ahora, embarrada en la
porquería de la rebelión no le llegaba ni a los talones. Suponía que era la
desesperación de que el reino cayéndose a pedazos lo que la impulso a adquirir
un matrimonio.
La soltería de la reina era algo que también
me intrigaba, pensaba que el Rey de Grecos pondría a un soberano varón al poder
de Elirdea, ellos nunca habían creído mucho en la capacidad de las mujeres por
gobernar, pero por lo que me la gente decía y cuchicheaban, era Galia, la hija
del Rey de Grecos quien había ganado el puesto de Reina en un lugar que se
desmoronaba. Me educaron sobre Grecos desde chica, de sus gobernantes,
tácticas, costumbres y por lo que escuchaba era una familia de hombres
guerreros, pero en mi vida había ido a Grecos, eso era impensable así que no
sabía como lucían los hijos del Rey Mencken y la Reina Galilea.
Los monarcas habían intentado todo por que
el matrimonio fuera un secreto hasta el momento en que estuviera consumado y ya
no se pudiera hacer nada, pero como Caldor había dejado bien en claro fue
gracias a nosotros nido de ratas que
ya no sería así. La boda se celebraría en Octubre, no se sabía que día pero si
que sería después del 19. No podía imaginar como el Rey de Kelmer daba el
permiso de que su hijo se casara con una falsa heredera, seguro sabía de la
invasión y el cambio de planes. El hecho de que accediera a que su hijo se
casara con una suplente era algo extraño y no propio del Rey Alexander.
El pequeño tesoro era efectivamente una
parte del dote de la nueva Reina, que ella amablemente insistió en ofrecer a
parte de la unión de sus reinos.
- ¿Cómo esta Iudir? – pregunte a Henry
mientras me limpiaba las manos y volvía a acomodar la manga del vestido. Ahora
en uno rojo bastante parecido al color crema pero esta vez las mangas era un
poco acampanas, eso me había dado problemas a la hora de remangarlo.
- Umma dice que no hubo una infección
severa, si no se equivoca podría despertar hoy al anochecer. Cuando lo hago me
apiadare de el por como Umma lo rellenará de comida.
- Buen punto – le respondí sonriéndole.
Miro al frente y clavo los ojos
en Aarón.
- ¿Cuándo va a ser el turno de el Helena?-
me pregunto sin dejar de mirarlo – cuando despertaste estaba seguro que irías
contra el con todas tus fuerzas por el golpe que te había dado.
Trague saliva con dificultad y rogué por que
Henry no lo hubiera notado.
- No lo han dado de comer ¿cierto? –
pregunte tratando de zafarme del problema.
Henry negó con la cabeza.
- Bien. Espero que Iudir se encargue de el
cuando despierte, se que el lo hará mejor que yo y para ese entonces estará tan
débil que será fácil.
Mis propias palabras me acalambraron la
mandíbula y me recorrieron con un escalofrió. Henry sonrió.
- Espero nunca ponerte en mi contra Helena
– dijo mientras se alejaba y cuando paso a un lado de
Aarón le pateo tierra a
la cara “por accidente”.
- Es
un alivio no tenerte como Reina – siseo Caldor. Yo no estaba de humos para
bromas.
- ¿Qué dijiste?
- La Reina que ahora gobierna tu mediocre
reino es mucho mas capaz que tu, estuvo callada mucho tiempo, esperando su
oportunidad, cuando por fin llego se revelo su verdadera naturaleza. Es mucho
mas fuerte que tu Helena, tu solo eres un disfraz, pero por dentro se que sigue
siendo la misma niña llorona.
Había apretado tan fuerte las uñas mientras
hablaba que sentí cuando la piel se empezó a desprender y se metió en mis uñas.
- ¿Qué vas a hacer Helena? ¿vas a volverme a
apuñalar la pierna?
Negué con la cabeza lentamente
y sonreí. Di dos grandes zancadas y pise con fuerza la pierna de Caldor,
hundiendo mi bota en su piel y retorciéndola una y otra vez. Caldor se
retorcía bajo mi peso y apretaba los dientes. Cuando finalmente aparte la bota
lo vi soltar una lagrima de dolor.
-
Esperaba preguntarte esto mañana, pero como veo que todavía tienes ganas de
platicar me ahorrare tiempo. ¿Cómo es que no hemos visto ningún mensajero?
Caldor volteo a ver en todas direcciones – al
bosque, a su pierna – a todos lados menos a mi.
Volví a pisarlo.
- Va disfrazado- gruño apretando los
dientes.
- ¿De que? – pregunte haciendo mas presión.
- De mercader pobre – volvió a gruñir.
- ¿Cuándo llega el próximo mensaje, Caldor?
De nuevo se negó a contestar y
yo volví a pisar. Para mi sorpresa solo gruño y se agito como una lombriz, pero
no hablo.
- ¡Roz!- llame.
Roz llego corriendo a mi lado.
- ¿Puede Alma hervir un poco de agua?
Roz sonrió al ver de que iba
todo el plan.
- Claro que si- dijo el y salió trotando de
nuevo a buscar a Alma.
- Mira Caldor – comencé, poniéndome en
cuclillas frente a el – cuando llegue el agua yo me voy a ir y veras que soy un
pan en dulce cuando llegue Roz, así que habla ahora y te evitas todo esto.
No me hizo caso y como le advertí, le fue
mucho peor con Roz. Sus gritos y gemidos se escucharon por una hora hasta que
finalmente soltó la lengua y Roz salió corriendo en mi dirección.
- ¡El hijo de perra espero hasta que supo
que el mensajero estaba lejos de nuestro alcance!- me dijo con la cara
enrojecida.
- ¿De que hablas?- le pregunte tratando de
entender de que hablaba.
- ¡El mensaje era hoy! Dice que hacía ya una
hora que paso la parte del bosque
La cabeza me empezó a dar vueltas.
- No hay tiempo que perder – Era Isabelle
quien había escuchado todo y ya tenía su espada a la cintura y la mía en una
mano.
- Isabelle, ya es muy tarde – le dije.
- Pues estamos perdiendo mas tiempo
mientras hablamos.
Tome la espada sin decir nada
mas y comencé a correr. Isabelle se aseguro de pasarle encima con todo su peso
a la pierna de Caldor.
Corrimos por una hora y para nuestro alivio y el de los pulmones; nos encontramos con el mensajero. El hombre estaba teniendo problemas para evacuar los líquidos
que su cuerpo no necesitaba detrás de unos arbustos. Todos estábamos agotados y empapados en sudor,
pero no pudimos evitar sonreír ante la escena.
- Me voy divertir- dijo Isabelle con una
maliciosa sonrisa en el rostro.
Isabelle salió de su escondrijo el corazón de dio un vuelco por lo desprotegida que se encontraba. Ella no sintió ninguna amenaza y espero recargada en un tronco a que el hombre terminara sus deberes. Cuando
salió, las mejillas se tiñeron de rojo pero de inmediato sus ojos adquirieron
un brillo pícaro.
- ¿Le puede ayudar en algo madame? – dijo el
hombre mientras se acomodaba los pantalones.
- Me he perdido – dijo Isabelle arrastrando
las palabras en un tono de preocupación claramente fingido que el hombre noto
divertido. Era alto y de cabello negro, tendría 34 años mas o menos. Isabelle
también era alta y no se le dificultaba mirarle a los ojos.
- Voy camino a Elirdea madame, permítame
acompañarla.
Esa pequeña fuga de información
y el acento del hombre fue suficiente para que Isabelle sonriera complacida.
- Pero no me gusta el reino – dijo ella
poniendo cara de puchero – demasiada gente, casi no hay privacidad- Isabelle
comenzó a avanzar como un gato montes hacia el mensajero vestido de mercader.
Movía las caderas de manera muy atractiva a la vista del hombre y al parecer
también de Roz que tenía las mejillas encendidas – me gusta mas el silencio del
bosque.
- No traigo monedas, dulzura – contesto el
mensajero ladeando la cabeza. Sus ojos vidriosos y el pecho que ascendía con
rapidez me dijo que el hecho de no traer monedas de verdad que no le complacía.
Me lleve una mano a la boca y reí por el hecho de que pensara que Isabelle era
una mujer de burdel.
- No estamos buscando monedas- le contesto
ella sin la dulce sonrisa
- ¿Estamos?- pregunto el hombre poniéndose
serio de repente.
Esa era la señal que
necesitábamos para nuestra gran entrada, me estaba poniendo de pie cuando Roz
me jalo de la maga y me hizo quedarme en el suelo.
- Te reconocerán – dijo en tono severo antes de salir de
su escondite con paso varonil.
Me molestaba no formar parte de
la graciosa escena, pero me resigne a solo escuchar y disfrutar.
Roz salió con un pequeño salto
y comenzó a caminar hacía el hombre con paso seguro. Podía ver como se
esforzaba por erguirse a todo lo que daba y definitivamente era fácil media
cabeza mas alto que Isabelle y el mensajero.
El hombre se puso en tensión de inmediato.
Sus ojos brincaron de Isabelle a Roz una y otra vez hasta que sonrió con
falsedad comprendiendo la situación.
- Como escucharon los dos, no traigo mas que
tres monedas- repitió el hombre dando dos pasos en retroceso alejándose de mis
amigos.
- Tentador. Pero no buscamos monedas, como
ella ya te lo ha dicho- dijo Roz llevándose las manos a la cintura.
- ¿Entonces que quieren de un mercader sin
monedas?
Isabelle rio con dulzura.
- Sabemos que no eres un mercader.
El hombre trago saliva, parecía
rudo a simple vista, pero después de todo solo era un mensajero que cargaba con
el mensaje equivocado.
-
Mira, no somos gente mala – dijo Roz – solo danos el mensaje y sales de aquí
sano y salvo.
- ¿Y si no se los doy?
- Lo tomamos por las malas – respondió
Isabelle – se ve que no eres un mal tipo, nunca he ido a Kelmer, pero su gente
no es mi enemiga, has hecho un largo viaje y no te impediremos que llegue el
mensaje solo queremos enterarnos del chisme.
- ¿Me mataran?
Roz negó con la cabeza.
- Nada de eso. Puedes dárnoslo, dejar que
lo leamos y salir corriendo…
- …O – continuo Isabelle – Te matamos. Tu decides.
Los ojos del hombre se abrieron de par en par cuando intento escapar e Isabelle lo golpeo la cabeza con el mago de la espada. se abrieron de par en
par al ver que el hombre se daba la media vuelta y cerro los ojos con fuerza
esperando el golpe.
Salí de mi escondite.
- Eso no me lo esperaba – dije mientras me
inclinaba sobre el hombre y comprobaba su pulso.
- Ni yo – dijo Roz – bueno haber, saca ese
maldito papel léelo y vámonos de aquí.
Busque entre la ropa del hombre
hasta encontrar lo que quería, lo saque sonriente y comencé a leer. Cada
palabra me quemaba los ojos, cada una me martilleaba el corazón, cada punto y
coma me entumían los dedos, pero ninguna me hizo sentir tan débil y fría,
temblorosa y desolada como las tres primeras.
Termine de leerlo todo y las palabras
quedaron grabadas en mi cabeza, estaban tan claras que parecían susurrármelas una y otra vez
mientras me ponía de pie y salía corriendo.
Le saludo princesa Helena…
Sentía como el alma salía de mi
pecho y regresaba con cada descoordinado paso que daba.
23, Junio.
Le
saludo Reina Helena.
Me
complace anunciar que los preparativos para la boda están listos y que lamento
de corazón la perdida de sus padres y hermanos, solo queda agradecer que usted
esta con vida. Se espera con ansias el día de su llegada a principios de Diciembre
y la unión de dos saludables reinos, espero que cuando llegue hablemos de
asuntos mas serios que requieren de una respuesta inmediata que no tarde un mes
en llegar a las manos de ambos, me comentan los mensajeros que es una mujer de
visión. Espero ansioso a comprobarlo.
Rey
Alexander de Kelmer
Tuve que detenerme unos segundos para vomitar. Pegue la frente al tronco y temblé mientras lloraba.
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la estan haciendo pasar por ella mmm espero esto se resuelva
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