martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 4. Parte tres


    - Gracias al cielo Helena – escuche decir a Roz cuando me vio llegar – fuimos a buscarte después de la cuarta hora, pero no te encontramos. Pensamos que te habías desangrado y que…
  
  - Estoy bien Roz- dije interrumpiéndolo – solo fui a cazar – suspire – como siempre que hay problemas.

    - ¿Qué sucedió con Isabelle ahí atrás he?

    - Solo una pequeña pelea
Los ojos de Roz se abrieron de par en par.

    - ¿Una pequeña pelea, Helena? Isabelle volvió a abrirte la cabeza cuando te lanzo una roca ¡una roca!- el tono de voz de Roz era alto pero no llagaba gritos y los movimientos que hacía con los brazos lo hacían ver bastante divertido – y luego tu gritaste como una posesa antes de salir de la tienda a zancadas.


     - Roz, te he dicho que estoy bien – repetí y lo esquive.
Llegue frente a Alma que sonrió al ver mi carga.

    - Esta vez asegúrate de que te toque una buena porción Alma- le dije mientras depositaba los animales en una mesa que usaba para despellejarlos.

    Pase al lado de Aarón y vi que dormía, agradecí por eso. Respire hondo frente a la entrada de la tienda y me arme de valor antes de entrar.
    Isabelle estaba sentada sobre su cama. Abrazaba sus piernas con los brazos y tenia la cara escondida en ese pequeño caparazón. Me escucho y alzo la cabeza sonriente al verme con vida.

    - Gracias al cielo – dijo mientras se ponía de pie de un salto y corría a abrazarme – pensé que te había matado, lo siento tanto Helena, no debí de reaccionar de ese modo, lo siento.
   Le devolví el abrazo y la aparte con gentileza, tenia los ojos llorosos.

    - No te preocupes- le dije.
Isabelle se sorbió la nariz.


       - Perdóname, Helena.

       - En cualquier caso si quieres compensármelo ayúdame a lavarme el cabello.
Isabelle sonrió y asintió con la cabeza.

      Isabelle cumplió con su promesa y dejo mi cabellera impecable. Todos comimos las liebres que habíamos cazado. Cuando me fui a acostar rememore la platica que había tenido con Ian.

    - ¿Había hecho bien en dejarlo ir?- pensaba con la mirada perdida en el techo – no parecía muy fiel a la nueva corona y tampoco daba el aspecto de ser un hombre malo. Por impresionante que pareciera confiaba mas en el que en Aarón. Aarón, quien me había golpeado tan duro en la cabeza que casi me mata. No lo entendía, yo le había ordenado que lo hiciera, pero no pensaba que me golpeara con tanta fuerza, no sabía si se le había pasado la mano o si de verdad sabía la medida exacta de fuerza que estaba usando, disperse esos pensamientos con un movimiento de cabeza. Los disperse mas por no querer creerlo que porque sonaran ridículos.

   Suspire y pensé en la vida de Ian antes de que lo sacaran del reino, en lo triste que se había puesto cuando hablo de ello. Me preguntaba si yo me veía de ese modo cuando hablaba de mi propio pasado y los seres queridos a los que yo había perdido. Seguro que sí, el perder a alguien amado dolía de una forma diferente a como dolía un conocido, era como un hueco en el pecho que se esparcía, como la peste y te carcomía por dentro; un vacío con el que se tiene que luchar día a día y cada vez que se mencionaba ese nombre que se extraña.

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   Años de paz y la tranquilidad del alma, puden ser aplastados 
por segundos de dolor.

Anonimo


La noche había caído. Y masticaba con lentitud mientras perdía la mirada en el fuego, y recordé todo lo que había sucedido en la tarde. Habían pasado dos días desde que me había topado con Ian en el bosque y el interrogatorio pasado que le hicimos a Caldor fue mucho menos jugoso y...doloroso que el de hoy en la mañana....



         Mi mano de nuevo estaba manchada en sangre. Aunque había sido mas condescendiente con Caldor esta vez al sacar el cuchillo en un movimiento curvo, no podía evitar que sangrara.

  Esta vez no se había desmayado, pero el dolor lo hacía pensar con mas lentitud y después de una hora ya no decía nada mas que solo gruñidos de dolor. Hasta el momento sabía que la reina se casaría con el príncipe de Kelmer, un reino lejano, nunca me habían hablado mucho de el por su lejanía y por la gran extensión de bosque y montañas que separaban a los reinos no significaban una amenaza, el hecho de que la nueva reina se interesara por Kelmer no podía ser nada bueno. Kelmer era una tierra mucho mas prospera de lo que había sido Elirdea en su momento de apogeo y ahora, embarrada en la porquería de la rebelión no le llegaba ni a los talones. Suponía que era la desesperación de que el reino cayéndose a pedazos lo que la impulso a adquirir un matrimonio.

    La soltería de la reina era algo que también me intrigaba, pensaba que el Rey de Grecos pondría a un soberano varón al poder de Elirdea, ellos nunca habían creído mucho en la capacidad de las mujeres por gobernar, pero por lo que me la gente decía y cuchicheaban, era Galia, la hija del Rey de Grecos quien había ganado el puesto de Reina en un lugar que se desmoronaba. Me educaron sobre Grecos desde chica, de sus gobernantes, tácticas, costumbres y por lo que escuchaba era una familia de hombres guerreros, pero en mi vida había ido a Grecos, eso era impensable así que no sabía como lucían los hijos del Rey Mencken y la Reina Galilea.

     Los monarcas habían intentado todo por que el matrimonio fuera un secreto hasta el momento en que estuviera consumado y ya no se pudiera hacer nada, pero como Caldor había dejado bien en claro fue gracias a nosotros nido de ratas que ya no sería así. La boda se celebraría en Octubre, no se sabía que día pero si que sería después del 19. No podía imaginar como el Rey de Kelmer daba el permiso de que su hijo se casara con una falsa heredera, seguro sabía de la invasión y el cambio de planes. El hecho de que accediera a que su hijo se casara con una suplente era algo extraño y no propio del Rey Alexander.
    El pequeño tesoro era efectivamente una parte del dote de la nueva Reina, que ella amablemente insistió en ofrecer a parte de la unión de sus reinos.

     - ¿Cómo esta Iudir? – pregunte a Henry mientras me limpiaba las manos y volvía a acomodar la manga del vestido. Ahora en uno rojo bastante parecido al color crema pero esta vez las mangas era un poco acampanas, eso me había dado problemas a la hora de remangarlo.

    - Umma dice que no hubo una infección severa, si no se equivoca podría despertar hoy al anochecer. Cuando lo hago me apiadare de el por como Umma lo rellenará de comida.

     - Buen punto – le respondí sonriéndole.
Miro al frente y clavo los ojos en Aarón.

     - ¿Cuándo va a ser el turno de el Helena?- me pregunto sin dejar de mirarlo – cuando despertaste estaba seguro que irías contra el con todas tus fuerzas por el golpe que te había dado.
   Trague saliva con dificultad y rogué por que Henry no lo hubiera notado.

     - No lo han dado de comer ¿cierto? – pregunte tratando de zafarme del problema.
Henry negó con la cabeza.

     - Bien. Espero que Iudir se encargue de el cuando despierte, se que el lo hará mejor que yo y para ese entonces estará tan débil que será fácil.
   Mis propias palabras me acalambraron la mandíbula y me recorrieron con un escalofrió. Henry sonrió.

     - Espero nunca ponerte en mi contra Helena – dijo mientras se alejaba y cuando paso a un lado de 
Aarón le pateo tierra a la cara “por accidente”.

    - Es un alivio no tenerte como Reina – siseo Caldor. Yo no estaba de humos para bromas.

    - ¿Qué dijiste?

    - La Reina que ahora gobierna tu mediocre reino es mucho mas capaz que tu, estuvo callada mucho tiempo, esperando su oportunidad, cuando por fin llego se revelo su verdadera naturaleza. Es mucho mas fuerte que tu Helena, tu solo eres un disfraz, pero por dentro se que sigue siendo la misma niña llorona.
   Había apretado tan fuerte las uñas mientras hablaba que sentí cuando la piel se empezó a desprender y se metió en mis uñas.

   - ¿Qué vas a hacer Helena? ¿vas a volverme a apuñalar la pierna?

Negué con la cabeza lentamente y sonreí. Di dos grandes zancadas y pise con fuerza la pierna de Caldor, hundiendo mi bota en su piel y retorciéndola una y otra vez. Caldor se retorcía bajo mi peso y apretaba los dientes. Cuando finalmente aparte la bota lo vi soltar una lagrima de dolor.

    - Esperaba preguntarte esto mañana, pero como veo que todavía tienes ganas de platicar me ahorrare tiempo. ¿Cómo es que no hemos visto ningún mensajero?
  Caldor volteo a ver en todas direcciones – al bosque, a su pierna – a todos lados menos a mi.
Volví a pisarlo.

    - Va disfrazado- gruño apretando los dientes.

    - ¿De que? – pregunte haciendo mas presión.

    - De mercader pobre – volvió a gruñir.

    - ¿Cuándo llega el próximo mensaje, Caldor?

De nuevo se negó a contestar y yo volví a pisar. Para mi sorpresa solo gruño y se agito como una lombriz, pero no hablo.
    - ¡Roz!- llame.
Roz llego corriendo a mi lado.

    - ¿Puede Alma hervir un poco de agua?
Roz sonrió al ver de que iba todo el plan.

    - Claro que si- dijo el y salió trotando de nuevo a buscar a Alma.

   - Mira Caldor – comencé, poniéndome en cuclillas frente a el – cuando llegue el agua yo me voy a ir y veras que soy un pan en dulce cuando llegue Roz, así que habla ahora y te evitas todo esto.
  No me hizo caso y como le advertí, le fue mucho peor con Roz. Sus gritos y gemidos se escucharon por una hora hasta que finalmente soltó la lengua y Roz salió corriendo en mi dirección.

   - ¡El hijo de perra espero hasta que supo que el mensajero estaba lejos de nuestro alcance!- me dijo con la cara enrojecida.

   - ¿De que hablas?- le pregunte tratando de entender de que hablaba.

  - ¡El mensaje era hoy! Dice que hacía ya una hora que paso la parte del bosque
 La cabeza me empezó a dar vueltas.

     - No hay tiempo que perder – Era Isabelle quien había escuchado todo y ya tenía su espada a la cintura y la mía en una mano.

     - Isabelle, ya es muy tarde – le dije.

    - Pues estamos perdiendo mas tiempo mientras hablamos.
Tome la espada sin decir nada mas y comencé a correr. Isabelle se aseguro de pasarle encima con todo su peso a la pierna de Caldor.
   Corrimos por una hora y para nuestro alivio y el de los pulmones; nos encontramos con el mensajero.  El hombre estaba teniendo problemas para evacuar los líquidos que su cuerpo no necesitaba detrás de unos arbustos. Todos estábamos agotados y empapados en sudor, pero no pudimos evitar sonreír ante la escena.

     - Me voy divertir- dijo Isabelle con una maliciosa sonrisa en el rostro.
Isabelle salió de su escondrijo el corazón de dio un vuelco por lo desprotegida que se encontraba. Ella no sintió ninguna amenaza y espero recargada en un tronco a que el hombre terminara sus deberes. Cuando salió, las mejillas se tiñeron de rojo pero de inmediato sus ojos adquirieron un brillo pícaro.

  - ¿Le puede ayudar en algo madame? – dijo el hombre mientras se acomodaba los pantalones.

   - Me he perdido – dijo Isabelle arrastrando las palabras en un tono de preocupación claramente fingido que el hombre noto divertido. Era alto y de cabello negro, tendría 34 años mas o menos. Isabelle también era alta y no se le dificultaba mirarle a los ojos.

    - Voy camino a Elirdea madame, permítame acompañarla.
Esa pequeña fuga de información y el acento del hombre fue suficiente para que Isabelle sonriera complacida.

    - Pero no me gusta el reino – dijo ella poniendo cara de puchero – demasiada gente, casi no hay privacidad- Isabelle comenzó a avanzar como un gato montes hacia el mensajero vestido de mercader. Movía las caderas de manera muy atractiva a la vista del hombre y al parecer también de Roz que tenía las mejillas encendidas – me gusta mas el silencio del bosque.

    - No traigo monedas, dulzura – contesto el mensajero ladeando la cabeza. Sus ojos vidriosos y el pecho que ascendía con rapidez me dijo que el hecho de no traer monedas de verdad que no le complacía. Me lleve una mano a la boca y reí por el hecho de que pensara que Isabelle era una mujer de burdel.

    - No estamos buscando monedas- le contesto ella sin la dulce sonrisa

   - ¿Estamos?- pregunto el hombre poniéndose serio de repente.
Esa era la señal que necesitábamos para nuestra gran entrada, me estaba poniendo de pie cuando Roz me jalo de la maga y me hizo quedarme en el suelo.

    - Te reconocerán – dijo en tono severo antes de salir de su escondite con paso varonil.

Me molestaba no formar parte de la graciosa escena, pero me resigne a solo escuchar y disfrutar.
Roz salió con un pequeño salto y comenzó a caminar hacía el hombre con paso seguro. Podía ver como se esforzaba por erguirse a todo lo que daba y definitivamente era fácil media cabeza mas alto que Isabelle y el mensajero.
   El hombre se puso en tensión de inmediato. Sus ojos brincaron de Isabelle a Roz una y otra vez hasta que sonrió con falsedad comprendiendo la situación.
  
  - Como escucharon los dos, no traigo mas que tres monedas- repitió el hombre dando dos pasos en retroceso alejándose de mis amigos.

   - Tentador. Pero no buscamos monedas, como ella ya te lo ha dicho- dijo Roz llevándose las manos a la cintura.

    - ¿Entonces que quieren de un mercader sin monedas?
Isabelle rio con dulzura.

    - Sabemos que no eres un mercader.
El hombre trago saliva, parecía rudo a simple vista, pero después de todo solo era un mensajero que cargaba con el mensaje equivocado.

    - Mira, no somos gente mala – dijo Roz – solo danos el mensaje y sales de aquí sano y salvo.

   - ¿Y si no se los doy?

   - Lo tomamos por las malas – respondió Isabelle – se ve que no eres un mal tipo, nunca he ido a Kelmer, pero su gente no es mi enemiga, has hecho un largo viaje y no te impediremos que llegue el mensaje solo queremos enterarnos del chisme.

     - ¿Me mataran?
Roz negó con la cabeza.

    - Nada de eso. Puedes dárnoslo, dejar que lo leamos y salir corriendo…

   - …O – continuo Isabelle – Te matamos. Tu decides.

   Los ojos del hombre se abrieron de par en par cuando intento escapar e Isabelle lo golpeo la cabeza con el mago de la espada. se abrieron de par en par al ver que el hombre se daba la media vuelta y cerro los ojos con fuerza esperando el golpe.
     Salí de mi escondite.

     - Eso no me lo esperaba – dije mientras me inclinaba sobre el hombre y comprobaba su pulso.

     - Ni yo – dijo Roz – bueno haber, saca ese maldito papel léelo y vámonos de aquí.

Busque entre la ropa del hombre hasta encontrar lo que quería, lo saque sonriente y comencé a leer. Cada palabra me quemaba los ojos, cada una me martilleaba el corazón, cada punto y coma me entumían los dedos, pero ninguna me hizo sentir tan débil y fría, temblorosa y desolada como las tres primeras.
   Termine de leerlo todo y las palabras quedaron grabadas en mi cabeza, estaban tan claras que parecían susurrármelas una y otra vez mientras me ponía de pie y salía corriendo.
     Le saludo princesa Helena…
Sentía como el alma salía de mi pecho y regresaba con cada descoordinado paso que daba.
    
 23, Junio.
Le saludo Reina Helena.
Me complace anunciar que los preparativos para la boda están listos y que lamento de corazón la perdida de sus padres y hermanos, solo queda agradecer que usted esta con vida. Se espera con ansias el día de su llegada a principios de Diciembre y la unión de dos saludables reinos, espero que cuando llegue hablemos de asuntos mas serios que requieren de una respuesta inmediata que no tarde un mes en llegar a las manos de ambos, me comentan los mensajeros que es una mujer de visión. Espero ansioso a comprobarlo.
Rey Alexander de Kelmer




 ¿Que estaba pasando?

Tuve que detenerme unos segundos para vomitar. Pegue la frente al tronco y temblé mientras lloraba.



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