sábado, 8 de febrero de 2014

Capítulo 5. Parte uno

   El alma se me cayo a los pies y sentí la sangre helarse, un escalofrío me recorrió la espalda y me causo calambres que me hicieron caer a un lado de Isabelle. Extendí la temblorosa mano sobre el dorado cabello de Henry para sentir la viscosa sensación de la sangre, sangre fría, empapando su melena.

   El mundo se detuvo y me sentí como si estuviera en una burbuja y todo a mi alrededor sucedía en total lentitud, el aturdidor pitido regreso a mis oídos de nuevo y ahí se quedo un buen rato.
  Mi mente regreso al camino en el bosque, el cuerpo de Henry se convirtió en el de mi tía, su sangre de nuevo me empapaba. Todo estaba pasando de nuevo, lo estaban echando a perder una vez mas.

    La gente comenzó a ahogar gritos a nuestro alrededor, Isabelle lloraba sobre Henry y los niños y algunas mujeres lloraban igual. Mis ojos llegaron a los troncos que supuestamente debían de contener a Aarón y Caldor, pero ellos no estaban ahí, solo estaban las cuerdas inservibles en el suelo, como serpientes muertas.
      Me había colgado el anillo al pecho y lo sentía palpitar, como si quemara cerca de mi corazón. Me llamaba y me quemaba, despertándome, exigiéndome que lo usara con el motivo por el cual había sido creado, que lo volviera a hacer parte de mi. Había recuperado aquello que me recordaba lo que era, solo quedaba recuperar aquello a lo que representaba.


   Lleve mi mano al anillo que hervía helado en mi mano y lo apreté hasta que los nudillos quedaron blancos.
    Llore de nuevo las pocas lagrimas que me quedaban.
  
    -¡¿Que esta sucediendo aquí?!
Iudir salió tambaleándose de la tienda, llevaba el torso desnudo cubierto por una venda que mostraba una leve señal de sangre que había pasado las capas de la tela hasta la superficie.
    Isabelle seguía llorando sobre Henry y se negaba a que nadie la apartara del cuerpo de su amigo.


   - Es Henry – sollozo Sophie. No la había visto parada ahí antes, estaba pálida como la misma luna y tenía los enormes ojos enfocados en el cuerpo sin vida – salí a hacer de baño y lo encontré. Me asuste y por eso grite-  Umma se acerco a Sophie y la abrazo, hundiéndola en su cuerpo y protegiéndola con los brazos, pareciera que con ese abrazo quería apartarla de todo lo que sucedía en el exterior.
     - Isabelle levántate – le susurre sujetándola por los hombros. Ella pareció no escucharme y solo se aferró más – Isabelle.
   Mi amiga levanto la cabeza y sus irritados ojos se clavaron en mi. Se le veía perdida, como si despertara de una pesadilla y estuviera tratando de enfocar el mundo real. Poco a poco con la mirada aun desorbitada y la manos temblándole llenas de sangre se aparto de Henry y apoyando todo su peso en mi se puso de pie. 
        Tenía el camisón empapado en sangre y al sujetarse en mi me mancho igual, yo ya tenia la parte de abajo manchada, ahí donde la sangre del suelo había alcanzado la falda, pero Isabelle termino el trabajo y estampo sus manos en mis hombros y mangas.
     Iudir tenía una mirada de hielo que me impedía saber si era rabia o dolor lo que sentía. Aunque parecía que era una guerra entre ambas sensaciones.

   - Que alguien lo levante, limpie y prepare para un entierro digno- dijo Iudir con un voz ronca y profunda, la voz de un líder que podía hacerte estremecer.
    Roz se acerco con aspecto débil al cuerpo de su amigo y le dio media vuelta, cerro los ojos con fuerza y vi como el color le bajo al ver una larga tajada en la garganta de Henry y sus ojos. Desorbitados por el terror de saber que tus segundos estaban terminando.
    John se arrodillo junto a el y le toco el hombro. Juntos levantaron el cuerpo de Henry que dejo caer una lánguida mano a su costado que se balanceaba macabramente de un lado a otro con cada paso. La oscuridad hacía ver la sangre como un liquido sobrenatural que reflejaba las estrellas de forma cristalina.

     - Escaparon – escuche a alguien decir – fueron ellos quienes lo hicieron.

  La espalda me recorrió un escalofrió, no fueron ellos, fue solo una persona. Temble.
  Una que todavía se encontraba en buen estado para ponerse de pie y tomar por sorpresa a Henry. 

Aarón.

    - Se han ido hace mucho – dijo alguien mas – no los alcanzaremos.

    - Se perderán, no saben donde están.

Todos cuchicheaban con tono lúgubre a mi alrededor.

    - Nos vamos – sentencio Iudir haciendo callar a todo el mundo y ocasionando que los niños se pegaran mas a las faldas de las mujeres que tenían cerca – nos movemos, no podemos arriesgarnos. Al amanecer debemos de estar muy lejos, comenzamos a empacar ahora.
   Incluso Isabelle en su estado catatónico se puso en movimiento y entro a la tienda arrastrando los pies. Fui la única que se quedo parada, contemplando la viscosa y fría sustancia que empapaba el suelo.    

    Estábamos huyendo, huíamos en todo el sentido de la palabra, al huir se abandona su hogar, sus tierras, aquello que te pertenece y tu le perteneces. No huiría de nuevo, no abandonaría lo mas cercano que tenía a un hogar. Eso tenía que acabar.
    Comencé a caminar hacía la espesura del bosque con paso perdido, y no fue hasta que me adentre en el que comencé a correr desesperada. La reina se casaría con el príncipe y lo mataría, llevaría la misma desgracia que ahora infectaba mi reino. Tenía que detener esa boda, tenía que recuperar lo que era mío. Tenía que ir a Kelmer.
    Solo había una persona que conocía Kelmer y sus caminos.

     - ¡Ian!- grite a todo pulmón mientras corría a donde lo había encontrado el día de la caza de las liebres - ¡Ian!
      Cuando llegue comencé a girarme en el mismo lugar, mirando en todas direcciones. No estaba ahí.
    - ¡Ian! ¿¡Donde estas!?
Así que ahora vivo en una pequeña cabaña en el bosque a unos kilómetros de aquí.
 A unos kilómetros no era el problema, sino que dirección tomar.

Corrí en busca de huellas que leer, señales, varas rotas. No había nada. Seguí corriendo hasta que las piernas se me acalambraron y el dolor conocido como “dolor de caballo” me hizo imposible dar mas de dos pasos corriendo.

   - ¡Ian! – Tenía la garganta rasposa de tanto gritar y ahora solo sonaba como si hablara muy fuerte en vez de gritar. – Ian-
    Camine una hora mas y luego me rendí. Me detuve en seco a mitad de la nada, agotada, furiosa, con la asquerosa sensación de la muerte recorriendome de pies a cabeza. Sentí el hueco en mi pecho ampliarse cuando pensé en Henry, en su cabello y en sus ojos. Todo lo que jamás volvería a ver y ahora esa imagen, la imagen de un amigo que podía hacerme sonreír y entrar en razón había sido arrancada para ser remplazada con su rostro lleno de terror.
      Debí de estar ahí. debí de protegerlo. Debí matar a Aarón y terminarlo todo. Debí de hacer muchas cosas que no hice.
Sentí nauseas cuando pensé en lo síndico de la situación. Lo habían matado afuera de mi tienda, justo afuera y ahí lo habían dejado tirado.
   Me estremecí cuando los arbustos a mis costado se movieron bruscamente, por un momento pensé que sería Aarón y Caldor. Lleve mi mano a la cadera pero no iba armada.  
  De entre arbustos y ramas, salió un alterado Ian lleno de ramitas y hojas secas en el pelo.
      - Dios santo – dijo abriendo los ojos de par en par. Se acerco a mi, cautelosamente y sin perder de vista el ensangrentado camisón. Ni siquiera había pensado en ponerme algo abrigado cuando me dispuse a buscarlo y ahora el clima y la hora estaban cobrando la imprudencia. Mis manos temblaban ahora mas de frío que de miedo, tenía el bello de los brazos erizado y de mi boca salían débiles fantasmas de vaho. - ¿Qué esta pasando?
     - Ian tienes que venir conmigo por favor – le rogué mientras me acercaba a el y lo tomaba del brazo para guiarlo al campamento. El no se movió y me tomo por los hombros sacudiéndome sin mucha fuerza.
     - ¿De que estas hablando? ¡Dios santo helena estas repleta de sangre!.
Me mire de nuevo. Tenía razón, ahí estaban las manos de Isabelle marcadas en la tela, la falda del camisón completamente empapada y mi mano izquierda manchada. Mis piernas flaquearon y a poco estuve de caer de nos ser por Ian que me sostuvo.
    - No es mía- dije con tono vacío.
   - Helena, esa cantidad de sangre perdida mataría a cualquiera.
   - Lo se
   - ¿Cómo que lo sabes? ¿Quién esta herido? – me pregunto volviéndome a sacudir.
   - Ya esta muerto- le dije negando con la cabeza y sintiendo como las lagrimas se salían de mis ojos – necesito que vengas, ya no puedo con esto Ian, tiene que terminar y necesito que me ayudes. Tienes que venir antes de que se vayan.
   - ¿De que estas hablando?

   - Solo sígueme – le respondí y volví a jalarlo del brazo sin notar que manchaba su manga de sangre.
Camine lo mas rápido que podía y fue hasta que pise una piedrita que entre en razón y me di cuenta de que estaba descalza. 
   Llegamos unas horas antes del amanecer.
 Ian se tensó al ver de quien era el campamento y se negó unos segundos a seguir avanzando.
       - No te lastimaran – le dije.
Apretó la mandíbula inseguro y siguió caminando hasta que entro al campamento  quedo a la visa de todos. Al principio nadie se dio cuenta de su presencia por el ajetreo, pero Roz no tardo en darse cuenta del extraño caminando detrás de mi.
  Antes de darme cuenta ya tenía su espada desenfundada y apuntaba de manera amenazadora al pecho de Ian.
   - Roz, por favor baja la espada – le dije en un tono mas parecido a la suplica.
   - ¿Quién es?- pregunto sin moverse ni cambiar de posición. Ian reacciono increíblemente bien ante la amenaza de una espada contra su corazón para ser un cazador solamente. No le di importancia.
   - ¿Qué estas haciendo Helena?.
La ronca voz de Iudir me acalambro las piernas y tuve que hacer un esfuerzo por no flaquear.
    - Voy a recuperar lo que es mío- respondí con el tono mas seguro que podía generar en esos momentos. Lamentablemente soné como una niña asustada. Después de todo eso era lo que era, una niña.
   - ¿Trayendo a un extraño al campamento en estos momentos? – su cara estaba en la misma expresión de piedra de siempre, pero sus ojos flameaban de ira. Lo peor no era que se enojara, si no que no lo hiciera, eso solo significaba algo mucho peor.
   Me coloque frente a el.
    - Tengo que ir a Kelmer, detener esa boda –comencé moviendo las manos para dar énfasis a lo que decía – tengo que detener a la reina, Iudir, si no lo hago antes de que se case con el príncipe todo estará perdido, todo estará perdido para mi, para Kelmer, para nosotros. Puedo arreglar esto, puedes confiar en él solo…
   - ¿Confiar en el como lo hiciste con ese soldado? ¿él de los ojos verdes?
Las palabras se ahogaron en mi garganta como si me cortaran el oxigeno de pronto. Fruncí el seño completamente confundida y tome una gran bocanada de aire cuando los pulmones me dolieron por no respirar. Lleve una mano a mi boca.
     - ¿Qué? – dije con apenas un hilo de voz que sonó mas como un suspiro que como una pregunta. Me tambalee unos pasos hacía atrás.
     - ¿Cómo se llamaba? ¿Aarón?- su nombre me pego como una bofetada y tuve que dar otro paso atrás, pero Iudir se volvió a acercar. Parecía un ratón arrinconado por un puma- confiaste en él Helena, casi lo dejas ir – el mundo se tambaleaba inseguro bajo mis pies ¿cómo lo sabía?. No tuve que esperar mucho a que se aclarara mi duda – Isabelle me lo conto hace unos minutos cuando notamos que te habías ido.
   Busque con los ojos desorbitados a Isabelle y la encontré mirándome con culpabilidad a pocos metros detrás de Iudir. Ya no llevaba el camisón, estaba vestida aun con la mirada cansada y vacía. Negué con la cabeza una y otra vez mientras sentía como la visión se nublaba por las lagrimas.
   - ¿¡Como pudiste!?- le grite con el nudo en la garganta quemándome.
Iudir me abofeteo con tanta fuerza que me mando al suelo. 
  
Me quede tumbada inmóvil sobre la tierra cubriéndome la adolorida mejilla.

    - Esto se acabo Helena – dijo Iudir – nos vamos, y ahora por tu culpa este hombre también vine con nosotros. No tomaré ningún riesgo, confié en ti Helena, en tu prudencia y sabiduría. Me equivoque, no tienes nada de ello.
   

3 comentarios:

  1. Hola me encanta. Acabo de terminar de leerlos todos. Dios mio!!! espero impasiente el sigiente capitulo =D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias me alegra que te guste! El martes es entrada nueva.

      Eliminar
  2. que mal isabelle la confiansa que helena tenia en ella y ella la traiciona haci uf parece que no hay nadie en quien pueda confiar espero con muchas hancias el proximo capitulo gracias muy buen capitulo como siempre un beso

    ResponderEliminar