Sin más que decir, me despido.
Besos Jane.
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Parada frente la
inmensa pared de roca y con el cuello adolorido por lo alto que lo alce,
entendía de que hablaba Ian cuando las maldecía. Era enorme, tendríamos que
rodearla hasta ver por donde podíamos escalarla y luego llegar hasta el otro
lado.
- Es por esto que uno tarda semanas en
llegar. Si la rodeamos nos llevaría el doble de tiempo que escalarla.- Ian
tenía la misma cara que yo y analizaba la situación.
Sople un mechón de cabello fuera de mis
ojos y gruñí.
- Debemos de darnos prisa entonces – ajuste
la mochila de nuevo a mis hombros y adolorida espalda y comencé a buscar con la
mirada un lugar para comenzar –, no podremos ver nada de noche.
Ian dejo su mochila en el suelo y después
de unos segundos de rebuscar en ella, finalmente saco una larga soga enrollada
y un pico enorme curveado en la punta. No hice preguntas, nunca había escalado
antes una pared de piedras y el si, así que deduje que sabía lo que hacía.
Pasamos unos segundos buscando el lado menos
liso de la enorme desnivelación hasta que Ian encontró el lado “ideal”, como el
mismo lo había llamado.
Ato un extremo de la cuerda al maso del
pico y me pidió que me apartara. Comenzó a hacer que el pico diera vueltas en
el aire, si no me hubiera apartado, en una de esas el enorme metal me habría
arrancado la cabeza. Después de unos segundos Ian soltó el aire de su pecho y el pico, el
cual salió volando se clavo en la pared, muy cerca ya del borde. Tiro de la
cuerda con fuerza un par de veces para verificar que estaba bien anclado y
sonrió complacido.
- ¿Qué estas haciendo? - Le pregunte mientras me acercaba a él.
- ¿Sabes escalar? – respondió él,
ignorando mi pregunta. Lleve mis manos a las caderas y alce una ceja, era
obvio que no sabía, en el bosque de Elirdea no existían esas cosas y yo no
había salido fuera de el desde los 16 años y antes de eso, no escale nada mas allá de la pequeña barda del jardín. Ian suspiro –, no es tan difícil. Un pie
después del otro, no apoyes todo tu peso en el hasta que estés segura de que es
firme, igual con las manos. Solo haz lo que yo ¿de acuerdo?
-
De acuerdo – dije, sin apartar la mirada del pico.
- Es por si caemos – respondió el
aclarando mis dudas mientras se ataba una parte de la cuerda a la cintura y
dejaba un buen pedazo más de sobra–, nos
dará unos segundos para encontrar de donde agarrarnos de nuevo antes de que el
peso lo venza.
Volví a mirar donde el metal estaba atorado, confiando en que no nos dejaría caer.
Cuando sentí sus manos en mi cintura,
involuntariamente di un pequeño salto hacía atrás apartándome del contacto. Me
encontré con la mirada desconcertada de Ian y la boca levemente abierta por la
sorpresa. Mi cerebro tardo en procesar que no era Flynn, que estaba segura y
que ya hacía años de esa escena. Ian llevaba la cuerda en sus manos y seguía
mirándome atónito.
Carraspee avergonzada por haber
reaccionado como conejo asustado.
- Yo…yo lo hago – dije sin mirarlo a los
ojos, solo extendí mi mano y él dejo la cuerda en ella.
Me até la cuerda lo mejor que sabía y
comprobé que no se soltaría.
Ian comenzó a
escalar y yo con él. Al principio no se me hizo difícil, pero conforme tomábamos altura cada vez nos costaba más trabajo encontrar un lugar donde apoyarnos. Procuraba
pisar y agarrar los mismos lugares que Ian, pero él a veces daba un paso
demasiado grande gracias a su altura, lugares que yo no podía alcanzar sino
hasta dos pasos más.
Probablemente llevábamos 10 minutos
escalando.
- No mires abajo. – Ian estaba
concentrado en donde pondría su pie la próxima vez y como si hubiese dicho lo
contrario baje los ojos y asome la cabeza por encima del hombro. Una horrible
sensación de vértigo me invadió y solté un grito ahogado. – Déjame
adivinar…acabas de hacer exactamente lo que te dije que no hicieras.
- Tal vez – trate de controlar mi miedo a
caer y cerré los ojos unos segundos para volver a enfocarme.
Faltaban tres metros para llegar y ocho
metros de caída.
Ian avanzo y la
cuerda que ataba mi cintura me jalo y forzó a avanzar igual, no estaba
preparada y prácticamente puse el pie en el primer lugar que sentí podía
apoyarlo. La roca se rompió bajo mi peso y fue gracias a mis manos que no caí y
me lleve a Ian conmigo. El corazón subió a mi garganta, mi caída jalo a Ian
hacía abajo y su mano derecha resbalo por la roca, cortándole la mano, soltó un
gruñido de dolor y de sorpresa.
- ¡Helena, encuentra en donde apoyarte! –
gruño (o grito), yo estaba colgando. Los dos pies se movían desesperados por encontrar
un lugar donde ponerlos, mis manos dolían por la rugosa superficie cortándolas
poco a poco, cada mano en una roca. Si no encontraba donde ponerlos caeríamos y
algo me decía que el pico no nos salvaría.
- ¡No puedo! – grite aterrada - ¡no hay
donde!
- ¡Helena!
Solté un grito,
muy parecido al que solté cuando tome fuerza en el rio para subir al tronco que
me salvo la vida y con toda la fuerza que tenía en esos momentos, me impulse
solo con la ayuda de mis brazos a una roca que quedaba un poco más haya de
donde colgaba mi rodilla, insertando mi pie en el pequeño hueco.
Quede a la altura de la cadera de Ian, mi
mano derecha se había cortado un poco y me ardía con el contacto de la tierra.
Me pegue a la roca y cerré los ojos.
- Helena – la voz de Ian me devolvió al
mundo, estaba agitado y lo sentí respirar con rapidez – falta poco, unos
cuantos pasos más y llegaremos.
No abrí los ojos, pero asentí con la cabeza.
Fue cuando sentí a Ian moverse que yo también lo hice, esta vez, de verdad que
no mire para abajo.
Cuando llegamos al final, nos dejamos caer,
ambos cansados por el susto. Nos costo unos segundos recomponernos.
Me senté y mire el borde, estuvimos a punto
de tener un trágico final, pero de nuevo estaba viva, volví a ganarle a la
muerte.
Poco a poco comencé a reír. La risa se sentía
rara después de tanto tiempo, las lagrimas llegaban a mis ojos, no conseguía
parar y abrace mis rodillas. Ian se incorporo de golpe y me miro claramente aturdido.
- No estamos muertos – dije entre risa y
risa – no estoy muerta, no aún.
Ian, a pesar de
la confusión y el susto también sonrió levemente, pero su sonrisa se borro por
la mueca de dolor que le causo su mano.
No la había visto antes, la sangre le había
manchado la palma y de seguro todas las diminutas piedras que se habían
incrustado en la piel ardían. Deje de reír, regresando a la cordura y tome con
cuidado de no tocar la herida, la mano de Ian.
Era una mano grande, probablemente tres de
sus nudillos equivalían a todos los míos y daban la impresión de que un golpee
de ellas seguro te apagaba las luces. La cortada iba en diagonal y cruzaba toda
la palma, no era profunda –por fortuna- pero tampoco era superficial y tenía
que cubrirse o podría infectarse.
- No esta tan mal – dije sin apartar la
mirada – he tenido peores y de seguro que esta no pasa de unos días de
incomodidad.
Alcé la vista a los ojos de Ian, pero de
inmediato la volví a apartar, incomoda por la manera intensa que él me
observaba. Me levante y ajuste la mochila intentando no toparme con sus ojos.
- Si sabes donde hay agua para lavarla, – le
daba la espalda y buscaba por donde continuar el camino –, podría ser de ayuda.
- Creo que hay un lugar a unos minutos de
aquí.
- Supongo que eso servirá.
No fue difícil
encontrar la ladera que nos devolvía al nivel el suelo, fue mas que difícil, casi imposible; nos tomo
una hora bajar la desnivelación, la roca se había colapsado en varios lugares
lo cual nos forzaba a buscar otras opciones y finalmente terminamos saltando de
lugar a lugar y con la herida de Ian, nos llevo mucho más tiempo, pero
finalmente estábamos de nuevo en camino.
Ian nos guió hasta un pequeño arroyo que
parecía estático, lo cual fue perfecto para mi. Después de que George me aventó
al río, desarrollé un miedo irracional al agua. Cuando Iudir me rescato y la
herida había sanado, practique semanas enteras para controlar mi fobia y logre
hundirme hasta las axilas, fue lo mas lejos que llegue y hasta el día de hoy es
lo más que lograba hundirme, pero cuando pierdo el suelo unos segundos o si el
agua llega a mis hombros; el miedo se adueña de mi y me fuerza a salir asustada
del agua. Nunca me he apartado mas de ocho pasos de la orilla, pero si hay
corriente no puedo hundirme ni a la cadera.
Me acerque cautelosa a la orilla mientras
Ian se sentaba a mi lado y hacía una mueca de dolor. Hundí las manos en el agua
y sin poder evitarlo tuve que inhalar y exhalar con cuidado y controlar los
flashbacks, limpie la pequeña cortada que yo tenía y lave mis manos antes de
pedirle a Ian que hundiera las suyas.
En cuanto la herida hizo contacto con el
agua la sangre comenzó a teñirla débilmente, eso me regreso a ese recuerdo hace
tres años, cuando mi propia sangre emanaba de mis costillas, tiñendo el agua. Mordí
mi lengua para controlarme. Ian parecía no notarlo y hacía esfuerzo porque su
mano dejara de saltar y temblar cada vez que tocaba la herida para limpiarla.
Finalmente, cuando estaba limpia y ya no
había tierra que infectara la carne saque unas vendas de mi maleta y comencé a
vendar su mano con cuidado de ajustar la venda para parar la hemorragia pero
también dejar que la sangre pasara y no doliera la presión.
- Listo – su mano estaba limpia y
pulcramente vendada. Era muy poco probable que causara problemas si no la
forzaba por el resto de hoy y mañana.
Sin esperarlo Ian tomo mi mano y la volteo,
dejando que mi palma luciera una cicatriz perfecta y lisa, causada por un corte
limpio, muy distinta a la cicatriz que quedaría en la palma de Ian. Lo mismo
había hecho Aarón cuando cometí el terrible error de dejarlo escapar.
Un calambre me recorrió la espalda, la
sensación de las manos de Aarón acariciando mi herida me asalto de nuevo.
Carraspee e involuntariamente lleve una mano a mi cadera para detener esa
sensación.
- Es de hace años, fue un accidente
aprendiendo a usar los cuchillos – mentí con poca credibilidad. Quite mi mano
con un rápido movimiento y me apresure a ponerme de pie -¿ahora hacía donde?
Se puso de pie, pero no tomo su mochila.
- Ahora descansamos – parpadee repetidas veces
pensando que no había escuchado bien – podrías tomar un baño, te hace falta-
dijo Ian, arrugando la nariz.
Apreté los dientes indignada, pero de
inmediato, comenzó a invadirme esa sensación de intranquilidad cada vez que
tomaba un baño. Eso significaba hundirme más de lo que mi miedo me permitía.
Mire el agua y trague saliva.
Mire a Ian desconfiada y el entendió mi mirada.
Se rió – no voy a espiar – dijo el tomando
su mochila y pasándome de largo –, de todas formas no hay nada que ver.
Sentí una punzada en mi orgullo, pero la
pase por alto. Sabía que no espiaría.
Había guardado
cinco camisas limpias, la que llevaba ahora era color crema y decidí que la
siguiente en usarse sería la gris.
La saque de la mochila y la coloque sobre la
rama del árbol más cerca al agua. Solté la desecha trenza y masajee el
adolorido cuero cabelludo, rebusque un poco más en la enorme bolsa y saque un
jabón en barra, que deje en la orilla. Cuando finalmente llego el momento de
sumergirme un escalofrío me recorrió la columna vertebral. El oro del anillo
contra mi cuello se sintió mas frio de repente.
Poco a poco me sumergí y el frió del agua
me puso la piel de gallina, cuando el agua me llego a las costillas y cubrió
una gruesa e irregular cicatriz que empezaba en un circulo un poco hundido en
donde terminaban las costillas, pero zigzagueaba por la última de ellas hasta
una parte de la espalda, sentí el miedo hacer su trabajo.
Comencé a lavarme lo mas tranquila que
podía y controlar el temblor en mis manos. Enjabone el pelo y me tarde más de
lo normal en enjuagarlo, nunca sería capaz de hundir la cabeza, no importa
cuanto lo intentara, no podía.
La arena bajo mis pies se removió un poco y
hizo que me resbalara hasta que el agua llego a mis hombros. Chille, porque por
un momento pensé que era George jalándome al fondo. Di brinquitos y salí del aguacon el
corazón en la garganta, me deje caer en la orilla con el agua hasta
las pantorrillas.
- ¿¡Helena!? – Ian me había escuchado
chillar - ¿¡Helena, estas bien?!
Lo escuche acercarse.
- ¡Estoy bien! – me apresure a gritar
antes de que llegara – Estoy bien. No pasa nada - Ian dejo de acercarse.
- ¿Segura?
- Si, si, estoy bien – respiraba con
dificultad y me sentía débil – estoy bien.
Pegue la frente
al suelo y poco a poco controle mis respiraciones. Me había vuelto a ensuciar y
ahora estaba toda enlodada de un costado. Regrese al agua y volví a lavarme la
tierra del pelo y el cuerpo. Después de media hora salí del agua y me seque.
Cuando
llegue junto a Ian, estaba sentado en una roca claramente aburrido.
- ¿Fuiste a bañarte al lago o a hacer el
lago? – dijo cuando llegue – pensé que moriría de viejo antes de que acabaras.
- Me tomo mi tiempo – llevaba la toalla en
mis manos y tallaba las puntas de mi pelo para secarlas. No me había puesto el
corsé y estaba disfrutando de la libertad que eso daba – fuiste tu quien
insistió en que tomara un baño, tu también deberías de hacerlo ¿sabes?
Ian se puso de pie, llevaba en sus manos una
toalla y ropa limpia.
- Me asegurare no tardarme todo el día ¿y
que fue ese grito he?.
Trague saliva.
- Un sapo – mentí – se me subió a la
espalda.
Ian se rio
mientras se alejaba.
Aproveche el tiempo que Ian estuvo en el lago
para secarme el pelo y guardar mis cosas. Cuando estuvo prácticamente seco me
recargué en un tronco y sin darme cuenta el sueño me venció. Enfrentarme al
agua me agotaba.
Ian me despertó. No tarde en estar
despierta por completo, solo había dormido unos quince minutos. Ian llevaba el
pelo revuelto y húmedo, una camisa claramente limpia y olía a jabón.
- ¿Nos vamos ya? – pregunte poniéndome
de pie y estirándome como un gato.
Ian asintió y comenzó a guardar su ropa sucia.
Di unos pasos para tomar el corsé tirado en
el suelo y comencé a ponérmelo, tenía las manos débiles por el sueño y me costo
trabajo ajustarlo bien, pero me apresure a lograrlo antes de que Ian se
desesperara y ofreciera su ayuda.
Definitivamente me sentía mejor y mas
fresca después del baño y el resto del día transcurrió rápido. Incluso los
próximos tres días transcurrieron como un parpadeo. Eran cortos y las
noches largas, nos deteníamos para comer o cambiar la venda de Ian.
Y antes de que me diera cuenta, llevábamos cinco días, faltaban 13.

muyy bueno me gusta esta helena que baje la guerdia un poco ;) espero el siguiente capitulo! :D
ResponderEliminarmuy buen capitulo jane cada vez es mejor esperando el proximo
ResponderEliminarel cambio debo decir que me emcamto se ve muy bien haci
muy buen capitulo y debo decir que me ncanto el cambio
ResponderEliminarse ve distinto y ne gusta nucho espero a ty y a las demas tambien les parezca haci un beso y esperando por el proximo capitulo
Gracias! a mi también me gusto muchísimo.
EliminarHola.. muy buena esta parte me gusto bastante .. espero la tercera parte pronto.. espero que Ian no la traicione .. él actúa muy extraño.. felicitaciones... esto se pone cada vez mas interesante.. Amiga...
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