El alma se me cayo a los pies y sentí la
sangre helarse, un escalofrío me recorrió la espalda y me causo calambres que
me hicieron caer a un lado de Isabelle. Extendí la temblorosa mano sobre el
dorado cabello de Henry para sentir la viscosa sensación de la sangre, sangre
fría, empapando su melena.
El mundo se detuvo y me sentí como si
estuviera en una burbuja y todo a mi alrededor sucedía en total lentitud, el
aturdidor pitido regreso a mis oídos de nuevo y ahí se quedo un buen rato.
Mi mente regreso al camino en el bosque, el
cuerpo de Henry se convirtió en el de mi tía, su sangre de nuevo me empapaba.
Todo estaba pasando de nuevo, lo estaban echando a perder una vez mas.
La gente comenzó a ahogar gritos a nuestro
alrededor, Isabelle lloraba sobre Henry y los niños y algunas mujeres lloraban igual.
Mis ojos llegaron a los troncos que supuestamente debían de contener a Aarón y
Caldor, pero ellos no estaban ahí, solo estaban las cuerdas inservibles en el
suelo, como serpientes muertas.
Me había colgado el anillo al pecho y lo
sentía palpitar, como si quemara cerca de mi corazón. Me llamaba y me quemaba,
despertándome, exigiéndome que lo usara con el motivo por el cual había sido
creado, que lo volviera a hacer parte de mi. Había recuperado aquello que me
recordaba lo que era, solo quedaba recuperar aquello a lo que representaba.
Lleve mi mano al anillo que hervía helado en
mi mano y lo apreté hasta que los nudillos quedaron blancos.
Llore de nuevo las pocas lagrimas que me
quedaban.
-¡¿Que esta sucediendo aquí?!
Iudir salió
tambaleándose de la tienda, llevaba el torso desnudo cubierto por una venda que
mostraba una leve señal de sangre que había pasado las capas de la tela hasta
la superficie.
Isabelle seguía llorando sobre Henry y se
negaba a que nadie la apartara del cuerpo de su amigo.
- Es Henry – sollozo Sophie. No la había
visto parada ahí antes, estaba pálida como la misma luna y tenía los enormes
ojos enfocados en el cuerpo sin vida – salí a hacer de baño y lo encontré. Me
asuste y por eso grite- Umma se acerco a
Sophie y la abrazo, hundiéndola en su cuerpo y protegiéndola con los brazos,
pareciera que con ese abrazo quería apartarla de todo lo que sucedía en el
exterior.
- Isabelle levántate – le susurre sujetándola
por los hombros. Ella pareció no escucharme y solo se aferró más – Isabelle.
Mi amiga levanto la cabeza y sus irritados
ojos se clavaron en mi. Se le veía perdida, como si despertara de una pesadilla
y estuviera tratando de enfocar el mundo real. Poco a poco con la mirada aun
desorbitada y la manos temblándole llenas de sangre se aparto de Henry y
apoyando todo su peso en mi se puso de pie.
Tenía el camisón empapado en sangre
y al sujetarse en mi me mancho igual, yo ya tenia la parte de abajo manchada,
ahí donde la sangre del suelo había alcanzado la falda, pero Isabelle termino el trabajo
y estampo sus manos en mis hombros y mangas.
Iudir tenía una mirada de hielo que me
impedía saber si era rabia o dolor lo que sentía. Aunque parecía que era una
guerra entre ambas sensaciones.
- Que alguien lo levante, limpie y prepare
para un entierro digno- dijo Iudir con un voz ronca y profunda, la voz de un
líder que podía hacerte estremecer.
Roz se acerco con aspecto débil al cuerpo
de su amigo y le dio media vuelta, cerro los ojos con fuerza y vi como el color le bajo al
ver una larga tajada en la garganta de Henry y sus ojos. Desorbitados por el
terror de saber que tus segundos estaban terminando.
John
se arrodillo junto a el y le toco el hombro. Juntos levantaron el cuerpo de
Henry que dejo caer una lánguida mano a su costado que se balanceaba
macabramente de un lado a otro con cada paso. La oscuridad hacía ver la sangre
como un liquido sobrenatural que reflejaba las estrellas de forma cristalina.
- Escaparon – escuche a alguien decir –
fueron ellos quienes lo hicieron.
La espalda me recorrió un escalofrió, no
fueron ellos, fue solo una persona. Temble.
Una que todavía se encontraba en buen
estado para ponerse de pie y tomar por sorpresa a Henry.
Aarón.
- Se han ido hace mucho – dijo alguien mas
– no los alcanzaremos.
- Se perderán, no saben donde están.
Todos
cuchicheaban con tono lúgubre a mi alrededor.
- Nos vamos – sentencio Iudir haciendo
callar a todo el mundo y ocasionando que los niños se pegaran mas a las faldas
de las mujeres que tenían cerca – nos movemos, no podemos arriesgarnos. Al
amanecer debemos de estar muy lejos, comenzamos a empacar ahora.
Incluso Isabelle en su estado catatónico se puso en movimiento y entro a
la tienda arrastrando los pies. Fui la única que se quedo parada, contemplando
la viscosa y fría sustancia que empapaba el suelo.
Estábamos huyendo, huíamos
en todo el sentido de la palabra, al huir se abandona su hogar, sus tierras,
aquello que te pertenece y tu le perteneces. No
huiría de nuevo, no abandonaría lo mas cercano que tenía a un hogar. Eso tenía
que acabar.
Comencé a caminar hacía la espesura del bosque con paso perdido, y no
fue hasta que me adentre en el que comencé a correr desesperada. La reina se
casaría con el príncipe y lo mataría, llevaría la misma desgracia que ahora
infectaba mi reino. Tenía que detener esa boda, tenía que recuperar lo que era
mío. Tenía que ir a Kelmer.
Solo había una persona que conocía Kelmer y sus caminos.
- ¡Ian!- grite a todo pulmón mientras corría a donde lo había encontrado
el día de la caza de las liebres - ¡Ian!
Cuando llegue comencé a girarme
en el mismo lugar, mirando en todas direcciones. No estaba ahí.
- ¡Ian! ¿¡Donde estas!?
Así
que ahora vivo en una pequeña cabaña en el bosque a unos kilómetros de aquí.
A unos kilómetros no era el problema, sino que
dirección tomar.
Corrí en busca de huellas que leer,
señales, varas rotas. No había nada. Seguí corriendo hasta que las piernas se me
acalambraron y el dolor conocido como “dolor de caballo” me hizo imposible dar
mas de dos pasos corriendo.
- ¡Ian! – Tenía la garganta rasposa de tanto gritar y ahora solo sonaba
como si hablara muy fuerte en vez de gritar. – Ian-
Camine una hora mas y luego me rendí. Me detuve en seco a mitad de la nada, agotada, furiosa, con la asquerosa sensación de la muerte recorriendome de pies a cabeza. Sentí el hueco en mi pecho ampliarse cuando pensé en Henry, en su cabello y en sus ojos. Todo lo que jamás volvería a ver y ahora esa imagen, la imagen de un amigo que podía hacerme sonreír y entrar en razón había sido arrancada para ser remplazada con su rostro lleno de terror.
Debí de estar ahí. debí de protegerlo. Debí matar a Aarón y terminarlo todo. Debí de hacer muchas cosas que no hice.
Sentí nauseas cuando pensé en lo síndico de la situación. Lo habían matado afuera de mi tienda, justo afuera y ahí lo habían dejado tirado.
Me estremecí cuando los arbustos a
mis costado se movieron bruscamente, por un momento pensé que sería Aarón y Caldor. Lleve mi mano a la cadera pero no iba armada.
De entre arbustos y ramas, salió un alterado Ian lleno de
ramitas y hojas secas en el pelo.
- Dios santo – dijo abriendo los ojos de par en par. Se acerco a mi,
cautelosamente y sin perder de vista el ensangrentado camisón. Ni siquiera
había pensado en ponerme algo abrigado cuando me dispuse a buscarlo y ahora el
clima y la hora estaban cobrando la imprudencia. Mis manos temblaban ahora mas
de frío que de miedo, tenía el bello de los brazos erizado y de mi boca salían
débiles fantasmas de vaho. - ¿Qué esta pasando?
- Ian tienes que venir conmigo por favor – le rogué mientras me acercaba
a el y lo tomaba del brazo para guiarlo al campamento. El no se movió y me tomo
por los hombros sacudiéndome sin mucha fuerza.
- ¿De que estas hablando? ¡Dios santo helena estas repleta de sangre!.
Me mire de nuevo. Tenía razón, ahí
estaban las manos de Isabelle marcadas en la tela, la falda del camisón
completamente empapada y mi mano izquierda manchada. Mis piernas flaquearon y a
poco estuve de caer de nos ser por Ian que me sostuvo.
- No es mía- dije con tono vacío.
- Helena, esa cantidad de sangre perdida mataría a cualquiera.
- Lo se
- ¿Cómo que lo sabes? ¿Quién esta herido? – me pregunto volviéndome a
sacudir.
- Ya esta muerto- le dije negando con la cabeza y sintiendo como las
lagrimas se salían de mis ojos – necesito que vengas, ya no puedo con esto Ian,
tiene que terminar y necesito que me ayudes. Tienes que venir antes de que se
vayan.
- ¿De que estas hablando?
- Solo sígueme – le respondí y volví a jalarlo del brazo sin notar que
manchaba su manga de sangre.
Camine lo mas rápido que podía y
fue hasta que pise una piedrita que entre en razón y me di cuenta de que estaba
descalza.
Llegamos unas horas antes del amanecer.
Ian se tensó al ver de quien era el campamento y se negó unos segundos a
seguir avanzando.
- No te lastimaran – le dije.
Apretó la mandíbula inseguro y
siguió caminando hasta que entro al campamento
quedo a la visa de todos. Al principio nadie se dio cuenta de su
presencia por el ajetreo, pero Roz no tardo en darse cuenta del extraño caminando detrás de mi.
Antes de darme cuenta ya tenía su espada desenfundada y apuntaba de
manera amenazadora al pecho de Ian.
- Roz, por favor baja la espada – le dije en un tono mas parecido a la
suplica.
- ¿Quién es?- pregunto sin moverse ni cambiar de posición. Ian reacciono
increíblemente bien ante la amenaza de una espada contra su corazón para ser un
cazador solamente. No le di importancia.
- ¿Qué estas haciendo Helena?.
La ronca voz de Iudir me acalambro
las piernas y tuve que hacer un esfuerzo por no flaquear.
- Voy a recuperar lo que es mío- respondí con el tono mas seguro que
podía generar en esos momentos. Lamentablemente soné como una niña asustada. Después de todo eso era lo que era, una niña.
- ¿Trayendo a un extraño al campamento en estos momentos? – su cara
estaba en la misma expresión de piedra de siempre, pero sus ojos flameaban de
ira. Lo peor no era que se enojara, si no que no lo hiciera, eso solo
significaba algo mucho peor.
Me coloque frente a el.
- Tengo que ir a Kelmer, detener esa boda –comencé moviendo las manos
para dar énfasis a lo que decía – tengo que detener a la reina, Iudir, si no lo
hago antes de que se case con el príncipe todo estará perdido, todo estará
perdido para mi, para Kelmer, para nosotros. Puedo arreglar esto, puedes
confiar en él solo…
- ¿Confiar en el como lo hiciste con ese soldado? ¿él de los ojos verdes?
Las palabras se ahogaron en mi
garganta como si me cortaran el oxigeno de pronto. Fruncí el seño completamente
confundida y tome una gran bocanada de aire cuando los pulmones me dolieron por
no respirar. Lleve una mano a mi boca.
- ¿Qué? – dije con apenas un hilo de voz que sonó mas como un suspiro
que como una pregunta. Me tambalee unos pasos hacía atrás.
- ¿Cómo se llamaba? ¿Aarón?- su nombre me pego como una bofetada y tuve que dar otro paso atrás, pero
Iudir se volvió a acercar. Parecía un ratón arrinconado por un puma- confiaste
en él Helena, casi lo dejas ir – el mundo se tambaleaba inseguro bajo mis pies
¿cómo lo sabía?. No tuve que esperar mucho a que se aclarara mi duda – Isabelle
me lo conto hace unos minutos cuando notamos que te habías ido.
Busque con los ojos desorbitados a Isabelle y la encontré mirándome con
culpabilidad a pocos metros detrás de Iudir. Ya no llevaba el camisón, estaba vestida aun con la mirada cansada y vacía. Negué
con la cabeza una y otra vez mientras sentía como la visión se nublaba por las
lagrimas.
- ¿¡Como pudiste!?- le grite con el nudo en la garganta quemándome.
Me quede tumbada inmóvil sobre la tierra cubriéndome la adolorida
mejilla.
- Esto se acabo Helena – dijo Iudir – nos vamos, y ahora por tu culpa
este hombre también vine con nosotros. No tomaré ningún riesgo, confié en ti
Helena, en tu prudencia y sabiduría. Me equivoque, no tienes nada de ello.

Hola me encanta. Acabo de terminar de leerlos todos. Dios mio!!! espero impasiente el sigiente capitulo =D
ResponderEliminar¡Gracias me alegra que te guste! El martes es entrada nueva.
Eliminarque mal isabelle la confiansa que helena tenia en ella y ella la traiciona haci uf parece que no hay nadie en quien pueda confiar espero con muchas hancias el proximo capitulo gracias muy buen capitulo como siempre un beso
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