sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 2. Fin del capítulo 2


Perder el conocimiento y despertar en lugares distintos era tan común que podría convertirse en una costumbre para mi. Cuando abrí los ojos y vi la tienda que me cubría el pánico me inundo, pensé que todo había sido un sueño y que en cualquier momento entraría Flynn a terminar lo que había empezado en algún momento y que Arón no podría hacer nada, pero justo cuando pensaba levantarse y salir corriendo del lugar una mujer de cabello castaño claro entro en la tienda con un cazo de agua y vendas.

   Mi vestido estaba rasgado y colgado en una silla a pocos metros de mi, lo habían cortado para quitármelo y ahora estaba de nuevo solamente con un camisón.

      - Veo que esta despierta majestad.

La manera en la que la mujer se dirigió a ella la tomo por sorpresa, era claramente una Elirdeana, el idioma y el pelo lo decían todo.

     - ¿Dónde estoy?- pregunte mientras me llevaba una mano al costado y descubrir que estaba limpiamente vendado - ¿Lo has hecho tu?

      - Hace muchas preguntas – le dijo negando con la cabeza mientras remojaba una venda en el agua y la exprimía-  pero si, las vendas son obra mía y a lo que respecta de la ubicación temo que eso no lo sabrá.



     - Gracias- le respondí.
La mujer no contesto, ignorándome por completo mientras se acercaba a mi y comenzaba a quitarme el vendaje. Me mordí el labio por el dolor y solté un gruñido por la sensación que causo la venda al despegarse de mi piel.

       - Ya, ya, ya – dijo la mujer sin apartar la vista de la herida – esta nos es la primera vez que te la curan ¿no es cierto?- la mujer hizo una expresión de desesperación al pronunciar la palabra curar que me decía que no podía llamarse curación a lo que me habían hecho – la cocieron como si remendaran una bota y no la dejaron reposar el tiempo suficiente antes de que te permitieran moverte. ¿qué clase de idiota contrato a otro idiota como medico real?

    - Señora, no es la clase de herida que se hace cuando se cae del caballo o de la cama y creo que usted lo sabe- los ojos de la mujer se iluminaron curiosos, la había pillado – ¿podría llamar a su líder y pedirle que si tiene la oportunidad venga y hable conmigo?
  La mujer refunfuño y me limpio la herida con un poco menos de delicadeza de lo normal, me coloco un ungüento que creo una capa color verde sobre mi piel, el ungüento me refrescaba la herida y me la adormecía eliminando el dolor y la picazón que me causaban. El extraño producto medicinal se secaba casi de inmediato  así que la mujer se dio prisa a ponerme las vendas de nuevo.

    - Tiene una lengua muy filosa para tener 15 años majestad – me dijo antes de salir de la tienda de mala gana.
   Me recosté de nuevo y no tuve que esperar mucho antes de que un hombre con cabello chino que le caía unos centímetros mas arriba de los hombros entrara en la tienda de acampar. La enojona mujer me ayudo a incorporarme. Me costo mas trabajo del que pensaba y agradecí infinitamente la ayuda del extraño ungüento que calmaba el dolor. La mujer daba señales de querer quedarse a escuchar, pero una mirada de aquel hombre con cabello largo basto para hacerla salir de la tienda y dejarnos solos.

        - Mi nombre es Iudir majestad, probablemente habrá oído hablar de mi.
Claro que había oído hablar de aquel hombre y por mas sorprendida que me encontraba trate de controlarme y mostrarme lo mas calmada que podía. No podía mostrarme débil o asustada frente al Rey de los ladrones.

        - En efecto he escuchado historias de usted, otras que incluso se han convertido en leyendas que cuentan los soldados en las fogatas o las nodrizas a los niños para hacerlos obedecer.

    El hombre no genero ninguna expresión y como no hacía ademan de hablar me arme de valor y tome aire. Comencé a explicarle todo lo sucedió, salte las partes en las que Arón me había consolado y definitivamente no mencione el beso, pero cuando mi historia llego al asesinato de mi tía y galga, Narda,  tuve que hacer un esfuerzo para que los ojos no se me humedecieran.

     Mencione el como me había hecho la herida y el porque no había podido cicatrizar como era debido. Con gran incomodidad relate las intenciones de Flynn y me pareció ver una expresión asqueada en su rostro que de inmediato desapareció. Le hable de que me hallaba en la total ignorancia sobre mi dama de compañía, Fantine. Rogaba por que estuviera viva, pero le exprese que dudaba de ello debido a que en el reino nadie se había enterado de mi captura. Cuando termine de hablar tenia la boca seca y el hombre me mira inexpresivo. No había hablado ni reaccionado mas que para asentir levemente con la cabeza o preguntar hace cuanto que había sucedido el incidente.

       - ¿Usted me cree? – le pregunte cuando su silencio se había prolongado demasiado y comenzaba a dudar de que me hubiese creído o tan siquiera puesto atención.
    Ladeo la cabeza un poco.

      - Soy un hombre de pruebas majestad, raramente creo algo sin ver algo que me lo compruebe. Así que si quiere ganarse mi confianza enséñeme una prueba.
El corazón me dio un vuelco. Todo lo había dejado en el bosque, lo observe mientras me miraba expectante, su mirada era de que creía mi historia pero no me creía a mi y solo estaba esperando a que fracasara. Mire su espada y el arma me hizo entrar en razón de golpe, recordé algo ya olvidado que casi me hace llorar.

      - La daga curveada – dije para mi misma sonriendo.

      - ¿Disculpe majestad?- me pregunto Iudir.

      - La daga que encontré bajo la colcha, esta en mi vestido.
El hombre sonrió y negó con la cabeza, el movimiento me causo un escalofrió.

      - Ya hemos revisado sus cosas majestad y ahí no hay nada.
Negué con la cabeza asustada.

     - No, no, debe de estar equivocado o no han revisado bien. Yo escondí esa daga en mi vestido, dentro de los pliegues.

El hombre me miro sin creerme una palabra y tomo el vestido, sacudiéndolo. Iudir era enorme, tan ancho que mi vestido solo le cubría la mitad de torso y tan alto que la orilla del ensangrentado vestido quedaba un poco mas debajo de su cadera.

      - Revíselo usted misma – dijo mientras me ofrecía el vestido con expresión burlona.
Comencé a inspeccionar pliegue por pliegue hasta que encontré donde había rasgado la tela para hacer espacio para el arma y el costalito con el dinero.

     - Alguien lo ha tomado- dije en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que Iudir lo tomara como una ofensa.

     - ¿Esta llamando a mi gente deshonesta majestad? ¿Cree que…
    - ¡Mire!- le interrumpí casi a modo de suplica, Iudir parpadeo molesto por la interrupción, pero miro al agujero en mi vestido – aquí es donde rasgue la tela, estaba la daga y un pequeño costal de cuero con unas cuantas monedas ¿por qué tendría que estar rasgada la tela en esta parte del vestido?

    La mirada de indignación de Iudir desapareció y dio paso a una cara de confusión que me tomo por sorpresa.

   - ¿Has dicho un costal de monedas?
Asentí con la cabeza confundida, no entendía que importancia tenía el costal en estos momentos cuando buscábamos la daga. Por un momento llegue a pensar que aquel hombre solo le interesaba el dinero y por lo mismo su repentino interés por la mención de las monedas.

     - ¿Cuántas tenía?

     - Diez - respondí con total confianza

     - ¿De que material?

     - Cuero- respondí cada vez mas y mas confundida. 

    - Dices que era chica - asentí con la cabeza.
    - Cabía en mi mano cerrada- especifique, extendiendo mi mano hacia el y abriendo para que comprendiera del tamaño que hablaba – Señor no entiendo que tiene esto que ver con…
El hombre me dejo con la palabra en la boca y salió de la tienda con su oscura capa hondeando tras el.

    Escuche los chillidos de un niño a lo lejos pero cada vez sonaban mas y mas cerca. A los pocos segundos el chico entro a trompicones en la tienda con Iudir tomándolo del pelo a forma de reprimenda. El chico tendría tal vez diez años y estaba mugriento, el cabello color maíz casi no lucía por la tierra que lo cubría y estaba tratando de librarse del fuerte agarre de Iudir.

     -¡¿Qué esta haciendo?!- le pregunte asustada al ver como el chico se retorcía mientras berreaba.
  Aquel hombre me ignoro y zarandeo mas fuerte al muchacho.

    - Muy bien Tim, ¿que es lo que estabas presumiendo ayer en la fogata a los otros niños?
El niño se negó a contestar, pero un tirón de pelo basto para que soltara la lengua.

    - ¡Dinero, dinero! –

    - ¿Y donde estaba ese dinero Tim?

    - En un costalito.
La respuesta me encarrilo y me hizo comprender de que iba toda la situación, sentí un gran alivio en el pecho al escucharlo responder a Iudir.

     -¿Y de donde sacaste el costalito Tim? - el niño negó con la cabeza de nuevo pero el hombre volvió a sacudirlo.

    -¡Au, au! ¡basta, basta! – Iudir aflojo la mano y dejo de zarandear al pobre niño. Tim se solto del agarre y se sacudió las gastadas ropas, arrugo la nariz y me miro furioso por haberle causado problemas – lo robe ¿de acuerdo? Es lo que hacemos. Lo tome de ese vestido verde, estaba oculto en la tela. Cuando Umma se lo quito a la chica entre a hurtadillas y lo tome

    - ¿Había algo mas aparte de ese costalito?
Tim volvió a tardarse en responder y cuando vio venir la siguiente sacudida se aparto de un salto, alejandose y manteniendo una distancia segura.

    - ¡Si, si! Un cuchillo muy raro – Iudir miro a Tim esperando mas explicaciones – Lo enterré en mi tienda…¿tengo que ir por el y devolverlo cierto?
   Iudir asintió y le pego un zape al muchacho cuando salía corriendo de la tienda intentando escapar de la mano de Iudir.

     - Me disculpo majestad- dijo el haciendo una pequeña reverencia. Abrí la boca pero el alzo la mano y me ordeno callar. Obedecí.

     - Me temo que hay cosas que no sabe majestad. Cosas sucedieron en el reino durante su desaparición, que ahora me suena cada vez menos misteriosa, se que lo único que desea es regresar a casa y esperar a los 18 para convertirse en la monarca de estas tierras.

   No entendía a donde quería llegar aquella leyenda viviente, pero asentí con la cabeza y escuche atentamente.

    - Pero las cosas no pueden ser así.

Sus palabras me golpearon tanto que por poco pierdo el equilibrio y sentí el color bajar de mis mejillas. Me matarían, estaba segura. Di unos pasos hacía atrás alejándome de el.

    - ¿De que esta hablando? – pregunte con destellos de miedo en mi voz.

    - Majestad, tranquilícese, no le haremos daño. Tiene mi palabra.
No me relaje.
     - Muy bien, esta bien si no confía - continuo el- pero de debe de escuchar lo que tengo que decirle. Siéntese - sus enormes manos señalaron el lugar donde habia estado recostada para que tomara asiento de nuevo, acepte la invitación, no por educación...mas bien era por que cada vez el suelo giraba mas rápido.
   El corazón me martilleaba el pecho, la yema de los dedos, el cuello y me ardía el cuerpo por el miedo a las palabra que ese hombre podría decirme. No me senté.

    Iudir me miro con algo parecido a la compasión y comenzó a hablar. Cada palabra que pronunciaba era como si alfileres helados se clavaran uno a uno en mi pecho.

    - Al momento de su desaparición las cosas se pusieron tensas en el reino majestad. Soy un hombre que no es bienvenido en sus murallas, pero estoy tan bien enterado como el mismo consejero del rey y la reina. Sus padres comenzaron a notar cosas extrañas en algunas personas de la servidumbre, los soldados no buscaban como debían y dejaron de acatar ordenes de los reyes – El hombre trago saliva y me ofreció su brazo. Estaba confundida por sus palabras y acepte su ayuda, me guio a la silla donde había estado mi vestido y me sentó en ella. – majestad, me dice que su dama de compañía se llamaba Fantine.
   Asentí con rapidez, con el corazón martilleándome por escuchar noticias de Fantine.

   - ¿La chica era alta, como de 17 tal vez 18 años?

Asentí de nuevo.

   - Tenía el cabello rubio tan pálido que parecía  trigo seco – comenté con lentitud mientras recordaba lo hermosa que era su cabellera, siempre bellamente peinada.

   - Majestad, aquella chica si llego a las puertas del palacio.
Mi cuerpo comenzó a temblar y un fuego que me consumía helado comenzó a recorrerme desde la punta de la cabeza. Sus palabras me dejaron aturdida.

    - ¿De que esta hablando? – pregunte con la voz tan temblorosa que parecía un sollozo.

   - Un día fui en cubierto al reino por pieles para el invierno, me quede hasta tarde enterándome de los asuntos del reino y llego la noche, caminaba por las callejuelas cuando escuche los llantos de una chica. Los seguí para ver de que se trataba, soy un hombre curioso. La muchacha llego hasta un soldado que le impedía entrar al castillo – me miro compresivo y siguió hablando- querida niña, yo mismo vi como uno de los soldados escuchaba a su acongojada dama de compañía que suplicaba ver al rey y a la reina e informarles lo sucedido. No alcance a escuchar una palabra de lo que decía pero se veía aterrada y cansada. Ese mismo soldado que la escuchaba atentamente la abrazo y la apuñalo por la espalda hasta arrancarle la vida.

   - ¿Qué? – mi pregunta salió como un simple suspiro de terror. Negué con la cabeza una y otra vez mientras sentía las lagrimas salir de mi control. Pobre Fantine, tan hermosa, tan joven y asustada, asesinada. No era justo, no era justo.

   Fantine, quien me había ayudado desde chica. Fantine, quien nunca perdió la manera discreta en la que me preguntaba cosas, la misma bella muchacha de cabello dorado a quien platicaba todo, a quien había visto huir para salvar su vida, ahora estaba muerta. 

    Ella era mi esperanza, la pequeña luciérnaga en el horrible túnel de oscuridad que vivía y ahora ya no estaba. Ya no había luciérnaga, ya no había luz. Estaba sola.

    - Me mantuve oculto entre las sombras - Continuo Iudir hablando, aunque yo lo escuchaba como una voz en segundo plano, apagada por los latidos de mi corazón- cuando el hombre se fue para informar lo ocurrido me acerque a la muchacha seguía viva, solo me miro unos segundos y finalmente murió. Al día siguiente cuando cayó la noche, su retraso había dejado de ser un retraso y al tercer día de su desaparición comenzó la mediocre búsqueda. Mientras algunos soldados la buscaban con alma y corazón, adentrándose demasiado para ser seguro otros solo iban a donde les informaban, llaman su nombre una o dos veces y luego solo se sentaban a jugar cartas.


  Negué con la cabeza, buscando algo en la habitación que llenara el vacío que poco a poco se adueñaba de mi.

  - Hace dos días al anochecer, cuando ya había pasado una semana el pueblo vistió de negro por su princesa perdida, la gente llevo velas e ilumino el castillo y a sus desechos gobernantes. Tu hermano estaba ahí, el príncipe lloró y se alejo del balcón, tu hermana se mantuvo ahí frente con una expresión de roca que nunca había visto a nadie tener enfrentando la desaparición de un ser querido.

    Comencé a sollozar por mis padres y mi hermano. Pensé en como la tristeza lo embargo a tal modo que salió corriendo de la mirada del reino, llore por mis padres de mirada apagada, frustrados por la perdida de control, el miedo que sentían y mi perdida. Sentí algo parecido al rencor cuando pensé en mi hermana, que no lloraba y se mantenía firme frente a la gente. De inmediato me reprimí por pensar en eso.
  Caí en la cuenta que yo misma estaba llorando mi funeral.
   - Tengo que volver, tienen que saber que estoy bien. Will tiene que saber que estoy bien, tengo que…

 - A la mañana siguiente – continuo Iudir interrumpiéndome-  con las primeras luces del alba. El equilibrio se rompió.

   - ¿De que esta hablando?
Mi cuerpo tembló por un escalofrió.

  - Los soldados traicionaron a sus reyes y abrieron las puertas a los guerreros Grecorianos.

  - No, no, no – solloce.
Iudir apreso mi mano en la suya y me ofreció consuelo.

  - Han puesto a una gobernante en el lugar de los verdaderos reyes.
Llore y me abrace a mi misma.

  - ¿Mis padres? – me forcé a preguntar antes de estallar en sollozos - ¿qué hay de mis padres?

  - Lo siento– fue lo único que obtuve como respuesta antes de que sintiese la sangre helarse en mis venas y el peso del mundo caer helado hasta mis pies. Solte un gemido de dolor tan desgarrador que inclusive el pecho de Iudir tembló cuando me lance a sus brazos a llorar. Recordé los ojos de mi tía al morir, lo vacíos que estaban, llenos de terror. Nadie había estado para cerrar los ojos de mis padres. Los hermosos ojos grises de mi padre apagados y los bellísimos ojos azules de mi madre vacíos, mirando a la nada.
   Llore como nunca había escuchado a nadie llorar, llore vacía y sin esperanza.

 - ¿Qué hay, que hay… o por Dios – las palabras se me cortaban a mitad de oración y los sollozos me empujaban a hacerme pequeña y encogerme protegida por los enormes brazos de aquel hombre que era lo mas parecido a la realidad -¿Que hay de mis hermanos? –logre articular en un respiro que tome que sonó tan tembloroso que parecía que me ahogaba.

    - A su hermana la tienen prisionera y su hermano logro escapar.
Me aparte de los brazos de Iudir.

    - ¿Will esa vivo? – pregunte sorbiéndome la nariz. El hombre asintió.

   - Nadie sabe donde esta, huyo solo, no confiaba en nadie y vio venir la invasión. Gente del palacio me dice que intento alertar a sus padres, pero era demasiado tarde.
    Volví a llorar y mi voz sonó hueca pegada a la tela de su abrigo.

  - No tengo a donde ir ¿cierto? – Abrí los aterrados ojos y lo mire fijamente, suplicando.

  - No tenemos mucho que ofrecerte –dijo a modo de respuesta- pero puedes quedarte con nosotros.
Sus palabras me tomaron por sorpresa pero asentí una y otra vez pegada a su pecho.

   - Tendrás que trabajar – asentí  - y tarde o temprano, tendrás que robar. Es lo que hacemos.
 Trague saliva. Ese lugar, que en antaño era un hogar, mi hogar ahora era tan ajeno, tan prohibido para mi. Ahora gobernado por las personas que me habían arrebatado a mi familia. No les tenía lealtad a esos nobles.

    - Elirdea ya no es mi reino. Y esos gobernantes no son mis reyes- dije con una voz tan llena de odio que me sorprendí.

   Tim entro a la tienda y le extendió la daga y el costal con las monedas a su señor, me miro curioso por lo que sucedía y salió de la tienda después de poner su mano en mi hombro.

   - Yo también llore cuando los perdí – me dijo y salió del lugar.
Iudir me entrego la daga y la tome del puño con tanta fuerza que sentí como los nudillos se ponían bancos y la circulación se cortaba. Mire la daga y pensé en Arón,  sabía todo y no me dijo nada, me dejo ir como una mosca a la mugre. La desdicha y el dolor se abrió paso, para darle lugar al odio y la rabia que se albergo en mi pecho desde ese día, creciendo como un cáncer y siempre haciéndome sentir vacía.

     Me corte la mano, Iudir pensó que fue un accidente y salió de la tienda por unas vendas. Saque las monedas del costal y las puse una a una en mi mano. Una, por mi madre, la segunda por mi padre; por mi tía, por Narda, por Fantine, por mi hermano y mi hermana. La sangre cubrió las doradas piezas, tiñéndolas de rojo. Jure con aquellas monedas sobre mi palma y mi sangre cubriéndolas que los vengaría, que pagarían por lo que les habían arrebatado.

   Iudir regreso y vendo mi mano. Yo parecía tener una mirada perdida, en dirección a mi reino, probablemente Iudir pensaba que de añoranza, pero era de odio. Algún día entraría a ese lugar y recuperaría lo que me pertenecía, parecía que me había perdido en mi interior, que mis ojos estaban dormidos, pero nunca había estado tan despierta y tan consiente de donde estaba y a donde quería llegar.

     Iudir salió de la tienda a conseguirme ropa limpia.

Me quede sola de nuevo y guarde las monedas ensangrentadas en el costalito, las manos me temblaban de ira mientras ajustaba la correa.

   - Larga vida al águila y que muera el dragón- dije apretando los dientes.




2 comentarios:

  1. que terrible todo lo que paso y que noble ese ladron en ofrecerle ser parte de ellos apesar de todo el podria haber aprobechado y venderla para que la matasen pero no que lindo muy conmovedor

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  2. Oh por dios!
    Helena se vengara! AAHH.
    Que asdfgghkhj
    Me encanta. *^*

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