martes, 21 de enero de 2014

Fin del capítulo 3.


¡HOLA CHICAS! Antes que nada tengo que decir que agradezco a todas su apoyo y especialmente a Josefa Salazar por sus comentarios que me dieron mas seguridad.
   
 ¡Ahora si!, dicho esto quiero explicar que esta entrada esta un poco revuelta ya que escribí la conclusión del capítulo 3, pero era muy corta así que decidí incluir un pedazo (avancé, vistazo, etc) de la primera parte del capítulo 4. El sábado ya publicaré completo. 


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      - ¿Helena eres tu? ¿por qué te han llamado Anna? ¿Qué haces con esta gente?
   
Tantas preguntas se atropellaron unas a otras en mi cabeza y lo único que pude atinar a decir fue lo que llevaba guardando en la garganta demasiado tiempo.

     - Tu lo sabías, sabías cuando me dejaste ir lo que sucedía – la voz salió nudosa y pesada de mis labios y Aarón solo me observaba desde el suelo.
    Ahora el seguramente tenía 22 años y su cuerpo se había desarrollado, igual que el mío. Sus hombros se hicieron mas anchos, su barbilla se marco mas, todo su cuerpo había crecido a lo alto y ancho. Tenía el pelo en el mismo desorden y alboroto de cómo mis borrosos recuerdos lo mostraban y los ojos seguían siendo igual de increíbles, esmeraldas que parecían hipnotizarte con cada mirada. Lo peor de todo era que se veía demasiado atractivo con el uniforme del palacio.

     - Helena lo siento, solo pensaba en sacarte antes de que llegaran por ti- lo mire dolida y aparte la mirada.

     - De no ser por el hombre a quien casi matas hubiese muerto en el bosque o en el castillo, tu lo sabias, sabias de la rebelión y de…de mis padres y no dijiste nada.


     - Lo siento. Yo no lo sabía, al disparar no sabía que eras tu…sobre tu padres, no podía decirte nada o te quedarías ahí y morirías – suspiro y dejo caer la cabeza – lo siento.

 Un lo siento no me bastaba.

      - Casi lo matas - Aarón bajo la mirada - te envió la reina Galia ¿cierto? - la Reina Galia, la mujer que ahora ocupaba el trono que me pertenecía, un trono que le había arrancado a mis padres.
   El silencio de Aarón lo interprete como un "si"

    Tome la daga que me había regalado y camine hacia él. Sus ojos enfocaron el cuchillo aturdidos y se revolvió en su lugar. Me puse detrás de él y corte un poco su brazo rasgando la camisa. Se alarmo por lo que acababa de hacer, pero cuando desate la soga que le apresaba las muñecas, se libro con un suspiro de alivio y masajeo las irritadas muñecas... Un lo siento no me bastaba, pero no podía culparlo y mucho menos dañarlo.
 Me puse de pie y el me siguió, le ofrecí una pesada copa y el la tomo confundido.

    - Diré que lograste desanudar la cuerda de alguna forma y me atacaste por sorpresa, te corte, pero tu fuerza gano cuando me golpeaste con esto en la cabeza y me dejaste inconsciente en el suelo. Ahora hazlo y golpéame – le dije apretando los dientes-  y vete de aquí, si te quedas probablemente morirás. Tu me dejaste ir y ahora yo hare lo mismo, no te debo nada.

     - No eres la misma – me dijo el con compasión en los ojos.

     - Claro que no lo soy – le dije mientras lo empujaba y me alejaba de él- ¿querías encontrarme y que volviera a llorar en tus brazos pidiéndote consuelo? Pues no va a ser así, era una niña, una muy estúpida.

   En lugar de responder dolido u ofendido a mis palabras, como esperaba que hiciera, se acerco mas a mi, retrocedí un paso, pero me tope con la mesa que detuvo mis oportunidades de alejarme. Aarón era mucho mas alto de cuando tenía 17 años y seguía llegándole a la barbilla, aparte la mirada.

      - ¿No te dije que te fueras? – trate de ordenarle con la voz menos agradable que encontré.


  Me ignoro, llevo sus manos a mi cintura y levanto la camisa, poniendo mi cintura y costado al desnudo, revelando una cicatriz que me recorría desde donde terminaban las costillas, dando vueltas en pico hasta el comienzo de la cadera. Lo observe hacer una momentánea mueca y cuando me proponía investigar mas acerca de esa mirada sus manos me causaron corrientes de hormigueo cuando toco la piel desnuda y acaricio cicatriz, sin quererlo suspire y el me escucho, sus ojos brillaron juguetones y justo cuando estaba por decirle algo para hacerlo retroceder, sentí sus manos tocar la piel desnuda y recorrer con el pulgar la cicatriz sin ningún reparo. Cualquier cosa que fuera decir se ahogo en mi garganta y volví a soltar una temblorosa respiración.

    Tomo mi mano y la volteo para descubrir una cicatriz que el desconocía, ahí donde me había cortado la palma para bañar de sangre las monedas se veía una limpia línea blanca que marcaba el camino que la daga alguna vez recorrió.
       Lo aparte de un empujón y me baje la camisa.

    - Tienes cinco segundos para salir de la tienda o gritare.

    - Helena yo no….

    - Ahora eres uno de ellos Aarón, no confiaran en ti.

    - ¿Qué hay de ti?-  me dijo el, y yo le mire aturdida. - ¿Confías tu en mi?
Aparte la mirada y ese gesto pareció herirlo.

     - Lleve este anillo conmigo y lo protegí, porque me dijiste que mientras la usara podía confiar en ti y tu en mi.

     - Las cosas han cambiado y con ellas la gente. Tu mismo lo has dicho, no soy la misma.

     - Sabes que eso no es verdad
Apreté los puños.

    - No sabes nada de mi o de lo que me ha sucedido, no, no, no me mires con esos ojos como si fuera un cachorro al que patearon. Ese día cuando me entere que lo había perdido todo, algo dentro de mi se rompió, no soy la misma, nunca lo…

     Las palabras quedaron ahogadas cuando dio dos grandes zancadas en mi dirección y me beso. Por unos segundos abrí los labios y le bese de igual manera, sus manos llegaron a mi cintura y me apretaron contra el. La realidad me golpeo y recordé lo que el era y lo que yo ya no era, apreté los labios y lo aparte con brusquedad, en cuanto se alejo de mi su mirada me dejo desarmada y los ojos se humedecieron.

    - Por favor, no – le rogué cerrando los ojos – tienes que irte.

    - Helena- tomo mi cara en sus manos y limpió una lagrima con su pulgar. Beso mi frente y segundos después un dolor agudo llego a mi cabeza abrí los desorbitados ojos unos segundos para encontrarme con mi cuerpo golpeando el suelo, Aarón salía de la tienda y yo volvía a perder el sentido.




CAPÍTULO 4. PARTE UNO


"Es imposible ocultar el amor en los ojos del que ama."
John Crowne



 Fueron las punzadas de dolor en la parte de atrás de mi cabeza las que me regresaron a la realidad. Me incorpore con una mueca de dolor.

  Mire a mi alrededor y encontré a Iudir recostado en una cama, tenía solo la camisa y sus pantalones con una venda mojada sobre su frente, a pesar de estar dormida tenía una constante mueca de dolor impresa en el rostro. Estaba poniéndome de pie, solo desando levantarme de la mesa en a que estaba recostada y tomar aire fresco.

     - ¡Oye calma, calma! – dijo Isabelle después de entrar a la tienda y abrir los ojos como platos antes de precipitarse para sostenerme antes de que perdiera el equilibrio.
  Me abracé a ella, pero seguí caminando –si querías salir podías llamar a alguien y no solo lanzarte a por ello – dijo Isabelle pasando un brazo por mi cintura para mantenerme de pie.

   El dolor de cabeza se convirtió en un horrible ardor en el estomago que poco a poco subió por mi garganta, cerré la boca con todas mis fuerzas y me lancé a trompicones fuera de la tienda. Apenas puse el segundo pie fuera de la tienda solté la comida del día anterior, mis ojos lagrimearon y de no ser por Isabelle habría caído sobre la porquería.

     - Cielo santo Helena. Creo que si te golpeo fuerte.
Aarón. Lo había olvidado. El estomago recibió una punzada de resentimiento al recordar que después de todo Aarón si me había golpeado con la copa tan fuerte que me dejo inconsciente, pero después de todo era lo que le había pedido y no entendía porque me molestaba que me golpeara de ese modo.

     - Escapo – dije yo jadeando, secándome las lagrimas de los ojos.
Isabelle rió.

    - Ese maldito estuvo a punto de salirse con la suya, Gina se lo encontró cuando…
No escuche nada mas. Los oídos comenzaron a recibir un constante pitido que me aparto de la realidad. Las palabras de Isabelle resonaban una y otra vez en mi cabeza.
    Estuvo a punto de salirse con la suya. Estuvo a punto. A punto.

Volví a sentir arcadas y m encogí sobre mi misma, pero ya no vomite nada.

   - ¡John ayúdame! – grito Isabelle haciendo lo mejor que podía para sostenerme.
Escuche las botas de John acercarse a mi y cargarme. Hundí la cara en su cuello y deje que la brisa me refrescara. El meneo de los pasos de John comenzó a arrullarme y cuando menos me di cuenta mis parpados pesaban.

    Me quede dormida unos momentos antes de sentir un golpe de helada agua abrazándome. De n ser por el agua metiéndose en mis fosas nasales hubiera gritado en vez de tosido.

    - Gracias al cielo – dijo Henry que estaba frente a mi con una cubeta en sus manos.

    - Cielos Helena, la próxima vez que quieras desmayarte avísanos para que no pensemos que te estas muriendo – dijo John mientras me sostenía de la empapada manga y me ayudaba a sentarme en el mismo tronco donde Isabelle se había sentado el día anterior para comer el venado.

     - Voy a matar a ese bastardo – siseó Isabelle – Iudir esta con un maldito agujero en su costado y tu estas tan estable como Roz cuando se emborracha.

     - ¿Dónde esta?- pregunte castañeando los dientes por el frio.

     - Lo sacamos de la tienda, así va a estar vigilado constantemente.
Busque con la atormentada mirada a Aarón y no tarde en encontrarlo atado a un poste de madera, mirándome con preocupación.

       Aparte la mirada y tome la mano de Henry, me apoye en ella para ponerme de pie. El me jalo y abrazo mis hombros para evitar que me cayera.

     - Eso es, lento – me decía mientras me dirigía a mi tienda soportando mis tropiezos con paciencia. Mechones de cabello me caían en los ojos pero no me impedían ver a Aarón que me seguía con la mirada desde el suelo.
     Entre a mi tienda y la imagen de Aarón se perdió. Henry me deposito sobre la cama.

   - Gracias, ahora sal para quietarle la ropa que amablemente empapaste-
Henry torno los ojos, pero obedeció.

   - Vamos a ponerte algo cómodo ¿te parece? – me decía Isabelle mientras apartaba un mechón de los ojos y me miraba con ese brillo desafiante que sus ojos siempre tenían y se daba media vuelta– ayer los idiotas estaban dejando toda la ropa bonita, pero se que a nosotras nos gusta estar guapas, así que tome unos vestidos muy monos que se ven bastante abrigadores y cómodos. Te doy el honor de estrenar el primero.

   Isabelle me hablaba dándome la espalda mientras revolvía en el baúl de ropa que ambas compartíamos. Sonreí y asentí con la cabeza aunque ella no podía verme.
  Saca uno color crema del baúl y lo dejo caer a mi lado para ayudarme a ponerme de pie.

   - Ahora quédate quieta – me dijo mientras me ayudaba a desvestirme.


El vestido era muy bonito y era sencillo, las mangas se abrían después del codo, cayendo acampanas hasta los pulgares. Por dentro estaba forrado por lana que hacían que la prenda conservara el calor corporal, por fuera el terciopelo estaba teñido de ese  impecable color crema, el cuello y mangas estaban bordados por hilo dorado, al igual que la línea de cada costado y los hombros. El cuello era cuadrado y todo lo de ese vestido me recordó a cuando tenía 15 años y el mundo era mas sencillo.

      - No me pondré eso – le dije con tono cansado.

     - No, si lo harás – sus palabras me tomaron por sorpresa – lo harás para mostrarles que sigues siendo la heredera, que solo estas esperando, pero que no has olvidado lo que eres y que ellos tampoco deben de hacerlo.

   Lo que decía Isabelle me golpeo, ella tenía razón. Me arme de valor y asentí con la cabeza.
Cuando Isabelle termino de vestirme me mire en el manchado espejo y alise la tela del vestido.

    - Enséñale a esos dos quien eres – dijo Isabelle y las piernas se me acalambraron.

    - ¿Dos?.

Isabelle me miro unos segundos confundida.

    - ¿No lo has visto? Atrapamos a otro centinela, los dos están afuera.
El aire comenzó faltarme unos segundos antes de volver a enfocar mi reflejo en el espejo y armarme de valor. Mire mi mano con la cicatriz y apreté el puño, había una promesa de sangre para vengar a aquellos a quienes me habían arrebatado y devolverles el favor a los Grecorianos.

    Larga vida al águila y que muera el dragón

Mis propias palabras resonaron en mi cabeza y adquirieron la misma fuerza que tenían hace tres años. Había llegado el momento, cumplía los 19 años el 27 de Noviembre, estábamos en Julio y yo recuperaría mi corona.

     - Muy bien – comencé irguiéndome y alzando la barbilla – comencemos con esto.

Isabelle sonrío maliciosa y asintió con la cabeza.

Cuando salí de la tienda entendí el porque no había visto al otro soldado, estaba unos metros mas alejado de Aarón y de espaldas, pase de largo a Aarón y me alegre cuando no me volteo a ver, fui directo al misterioso hombre y cuando le vi el rostro, la cólera se sembró en mi como cuando había reconocido a Herick el día anterior.

     - Ha pasado mucho tiempo Caldor – le dije con suaves y peligrosas notas.

Isabelle me miro confundía al ver que conocía a ese hombre, pero de inmediato su rostro comprendía. Cuando éramos chicas y decidí que Isabelle era de confianza le conté todo lo que había sucedido, omití los detalles que involucraban a Aarón al principio, pero después de un año cuando lo nombre en sueños, no pude seguir ocultándoselo. Por lo que veía Isabelle todavía no lo reconocía, pero sabía que no tardaría en hacerlo.

   Caldor levanto la vista y sus ojos reflejaron una momentánea sorpresa. Sonreí.

   - Pero mira que curioso es el destino – siseo mientras yo me ponía en cuclillas frente a el – antes eras la princesa de Elirdea y ahora eres la princesa de la basura.
   Le di un bofetón que lo hizo girar la cara.

  - Por mas que quisiera charlar contigo, con té, galletitas y disfrutar de tus humorísticos comentarios, tengo cosas que hacer mas adelante a diferencia de ti cuando aventemos tu cuerpo al fango – poco a poco alzo la mirada de nuevo y descubrí complacida que su lengua sangraba, probablemente se la había mordido cuando le pegue el bofetón.

  Vi como su garganta se preparaba para escupirme así que aprese su garganta en mi mano y apreté. De inmediato comenzó a ahogarse con la saliva que iba dirigida a mi.

     - Muy bien creo que estamos empezando con el pie izquierdo – volví a decir mientras Caldor comenzaba ponerse rojo por la falta de oxigeno - ¿Para quién iba dirigido todo ese magnifico oro?

   Caldor comenzó a revolverse, solté su cuello para que retomara el aire y pudiera contestar. En cambio me escupió y rio por pensarse triunfante. Me limpie su porquería de la cara y me reí un poco con el.

     - ¿Te parece divertido he?- le dije sonriéndole y observando como el asentía con la cabeza y seguía riendo a todo pulmón. Le sonreí encantadora mientras negaba con la cabeza, me remangaba la manga derecha y sacaba la daga de su funda. Su risa se corto con alarido de dolor cuando el cuchillo se hundió en su muslo, justo donde yo sabía estaba un nervio – Voy a repetirlo una última vez ¿para quién iba dirigido el oro? – sisee mientras movía un poco el arma dentro de su piel y lo hacía removerse de dolor

    Se negó a contestar así que comencé a sacar el cuchillo de su pierna hacía arriba en vez de con un movimiento curvo, para que el cuchillo saliera limpio. El arme comenzó a actuar como un gancho que jalaba todo dentro de el y lo arrancaba, cortaba y desgarraba.

     Sus intentos de contener el dolor en su garganta fueron inútiles y comenzó a gruñir, removerse y golpear la parte de atrás de su cabeza una y otra vez contra el tronco que lo apresaba.

    - ¿Para… - di un brusco movimiento a la daga que lo hizo gritar – quien…es…el…oro?

Siguiente Cap---->

3 comentarios:

  1. gracias por tus palabras lo cierto esque me gusta muco la istoria deseando el siguiente capitulo u abrazo

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  2. mi niña ya me puse al dia y como te lo dije y reitero es una historia distinta y muy entretenida muy buenos capitulos sigue si? muchas gracias por compartir tu trabajo

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