Perder el conocimiento y
despertar en lugares distintos era tan común que podría convertirse en una
costumbre para mi. Cuando abrí los ojos y vi la tienda que me cubría el pánico
me inundo, pensé que todo había sido un sueño y que en cualquier momento entraría
Flynn a terminar lo que había empezado en algún momento y que Arón no podría
hacer nada, pero justo cuando pensaba levantarse y salir corriendo del lugar
una mujer de cabello castaño claro entro en la tienda con un cazo de agua y
vendas.
Mi vestido estaba rasgado y colgado en una
silla a pocos metros de mi, lo habían cortado para quitármelo y ahora estaba de
nuevo solamente con un camisón.
- Veo que esta despierta majestad.
La manera en la que la mujer se
dirigió a ella la tomo por sorpresa, era claramente una Elirdeana, el idioma y
el pelo lo decían todo.
- ¿Dónde estoy?- pregunte mientras me
llevaba una mano al costado y descubrir que estaba limpiamente vendado - ¿Lo
has hecho tu?
- Hace muchas preguntas – le dijo negando
con la cabeza mientras remojaba una venda en el agua y la exprimía- pero si, las vendas son obra mía y a lo que
respecta de la ubicación temo que eso no lo sabrá.
- Gracias- le respondí.
La mujer no contesto,
ignorándome por completo mientras se acercaba a mi y comenzaba a quitarme el
vendaje. Me mordí el labio por el dolor y solté un gruñido por la sensación que
causo la venda al despegarse de mi piel.
- Ya, ya, ya – dijo la mujer sin apartar
la vista de la herida – esta nos es la primera vez que te la curan ¿no es cierto?- la mujer hizo una
expresión de desesperación al pronunciar la palabra curar que me decía que no
podía llamarse curación a lo que me habían hecho – la cocieron como si
remendaran una bota y no la dejaron reposar el tiempo suficiente antes de que
te permitieran moverte. ¿qué clase de idiota contrato a otro idiota como medico
real?
- Señora, no es la clase de herida que se
hace cuando se cae del caballo o de la cama y creo que usted lo sabe- los ojos
de la mujer se iluminaron curiosos, la había pillado – ¿podría llamar a su
líder y pedirle que si tiene la oportunidad venga y hable conmigo?
La mujer refunfuño y me limpio la herida con un poco menos de
delicadeza de lo normal, me coloco un ungüento que creo una capa color verde
sobre mi piel, el ungüento me refrescaba la herida y me la adormecía eliminando
el dolor y la picazón que me causaban. El extraño producto medicinal se secaba
casi de inmediato así que la mujer se
dio prisa a ponerme las vendas de nuevo.
- Tiene una lengua muy filosa para tener 15
años majestad – me dijo antes de salir de la tienda de mala gana.
Me recosté de nuevo y no tuve que esperar
mucho antes de que un hombre con cabello chino que le caía unos centímetros mas
arriba de los hombros entrara en la tienda de acampar. La enojona mujer me
ayudo a incorporarme. Me costo mas trabajo del que pensaba y agradecí
infinitamente la ayuda del extraño ungüento que calmaba el dolor. La mujer daba
señales de querer quedarse a escuchar, pero una mirada de aquel hombre con
cabello largo basto para hacerla salir de la tienda y dejarnos solos.
- Mi nombre es Iudir majestad,
probablemente habrá oído hablar de mi.
Claro que había oído hablar de
aquel hombre y por mas sorprendida que me encontraba trate de controlarme y
mostrarme lo mas calmada que podía. No podía mostrarme débil o asustada frente
al Rey de los ladrones.
- En efecto he escuchado historias de
usted, otras que incluso se han convertido en leyendas que cuentan los soldados
en las fogatas o las nodrizas a los niños para hacerlos obedecer.
El hombre no genero ninguna expresión y
como no hacía ademan de hablar me arme de valor y tome aire. Comencé a
explicarle todo lo sucedió, salte las partes en las que Arón me había consolado
y definitivamente no mencione el beso, pero cuando mi historia llego al
asesinato de mi tía y galga, Narda, tuve
que hacer un esfuerzo para que los ojos no se me humedecieran.
Mencione el como me había hecho la herida
y el porque no había podido cicatrizar como era debido. Con gran incomodidad
relate las intenciones de Flynn y me pareció ver una expresión asqueada en su
rostro que de inmediato desapareció. Le hable de que me hallaba en la total ignorancia
sobre mi dama de compañía, Fantine. Rogaba por que estuviera viva, pero le
exprese que dudaba de ello debido a que en el reino nadie se había enterado de
mi captura. Cuando termine de hablar tenia la boca seca y el hombre me mira
inexpresivo. No había hablado ni reaccionado mas que para asentir levemente con
la cabeza o preguntar hace cuanto que había sucedido el incidente.
- ¿Usted me cree? – le pregunte cuando
su silencio se había prolongado demasiado y comenzaba a dudar de que me hubiese
creído o tan siquiera puesto atención.
Ladeo la cabeza un poco.
- Soy un hombre de pruebas majestad,
raramente creo algo sin ver algo que me lo compruebe. Así que si quiere ganarse
mi confianza enséñeme una prueba.
El corazón me dio un vuelco.
Todo lo había dejado en el bosque, lo observe mientras me miraba expectante, su
mirada era de que creía mi historia pero no me creía a mi y solo estaba
esperando a que fracasara. Mire su espada y el arma me hizo entrar en razón de
golpe, recordé algo ya olvidado que casi me hace llorar.
- La daga curveada – dije para mi misma
sonriendo.
- ¿Disculpe majestad?- me pregunto Iudir.
- La daga que encontré bajo la colcha,
esta en mi vestido.
El hombre sonrió y negó con la
cabeza, el movimiento me causo un escalofrió.
- Ya hemos revisado sus cosas majestad y
ahí no hay nada.
Negué con la cabeza asustada.
- No, no, debe de estar equivocado o no
han revisado bien. Yo escondí esa daga en mi vestido, dentro de los pliegues.
El hombre me miro sin creerme
una palabra y tomo el vestido, sacudiéndolo. Iudir era enorme, tan ancho que mi
vestido solo le cubría la mitad de torso y tan alto que la orilla del
ensangrentado vestido quedaba un poco mas debajo de su cadera.
- Revíselo usted misma – dijo mientras me
ofrecía el vestido con expresión burlona.
Comencé a inspeccionar pliegue
por pliegue hasta que encontré donde había rasgado la tela para hacer espacio
para el arma y el costalito con el dinero.
- Alguien lo ha tomado- dije en voz baja,
pero lo suficientemente fuerte para que Iudir lo tomara como una ofensa.
- ¿Esta llamando a mi gente deshonesta
majestad? ¿Cree que…
- ¡Mire!- le interrumpí casi a modo de
suplica, Iudir parpadeo molesto por la interrupción, pero miro al agujero en mi vestido – aquí es donde rasgue la tela, estaba la daga y un pequeño costal de
cuero con unas cuantas monedas ¿por qué tendría que estar rasgada la tela en
esta parte del vestido?
La mirada de indignación de Iudir
desapareció y dio paso a una cara de confusión que me tomo por sorpresa.
- ¿Has dicho un costal de monedas?
Asentí con la cabeza
confundida, no entendía que importancia tenía el costal en estos momentos
cuando buscábamos la daga. Por un momento llegue a pensar que aquel hombre solo
le interesaba el dinero y por lo mismo su repentino interés por la mención de
las monedas.
- ¿Cuántas tenía?
- Diez - respondí con total confianza
- ¿De que material?
- Cuero- respondí cada vez mas y mas
confundida.
- Dices que era chica - asentí con la cabeza.
- Cabía en mi mano cerrada- especifique, extendiendo mi mano hacia el y abriendo para que comprendiera del tamaño que hablaba –
Señor no entiendo que tiene esto que ver con…
El hombre me dejo con la
palabra en la boca y salió de la tienda con su oscura capa hondeando tras el.
Escuche los chillidos de un niño a lo lejos
pero cada vez sonaban mas y mas cerca. A los pocos segundos el chico entro a
trompicones en la tienda con Iudir tomándolo del pelo a forma de reprimenda. El
chico tendría tal vez diez años y estaba mugriento, el cabello color maíz casi
no lucía por la tierra que lo cubría y estaba tratando de librarse del fuerte agarre
de Iudir.
-¡¿Qué esta haciendo?!- le pregunte
asustada al ver como el chico se retorcía mientras berreaba.
Aquel hombre me ignoro y zarandeo mas fuerte
al muchacho.
- Muy bien Tim, ¿que es lo que estabas
presumiendo ayer en la fogata a los otros niños?
El niño se negó a contestar,
pero un tirón de pelo basto para que soltara la lengua.
- ¡Dinero, dinero! –
- ¿Y donde estaba ese dinero Tim?
- En un costalito.
La respuesta me encarrilo y me
hizo comprender de que iba toda la situación, sentí un gran alivio en el pecho
al escucharlo responder a Iudir.
-¿Y de donde sacaste el costalito Tim? - el niño negó con la cabeza de
nuevo pero el hombre volvió a sacudirlo.
-¡Au, au! ¡basta, basta! – Iudir aflojo la
mano y dejo de zarandear al pobre niño. Tim se solto del agarre y se sacudió las gastadas ropas, arrugo la nariz y me miro furioso por haberle causado problemas – lo robe ¿de acuerdo? Es lo que
hacemos. Lo tome de ese vestido verde, estaba oculto en la tela. Cuando Umma se
lo quito a la chica entre a hurtadillas y lo tome
- ¿Había algo mas aparte de ese costalito?
Tim volvió a tardarse en
responder y cuando vio venir la siguiente sacudida se aparto de un salto, alejandose y manteniendo una distancia segura.
- ¡Si, si! Un cuchillo muy raro – Iudir
miro a Tim esperando mas explicaciones – Lo enterré en mi tienda…¿tengo que ir
por el y devolverlo cierto?
Iudir asintió y le pego un zape al muchacho
cuando salía corriendo de la tienda intentando escapar de la mano de Iudir.
- Me disculpo majestad- dijo el haciendo
una pequeña reverencia. Abrí la boca pero el alzo la mano y me ordeno
callar. Obedecí.
- Me temo que hay cosas que no sabe
majestad. Cosas sucedieron en el reino durante su desaparición, que ahora me
suena cada vez menos misteriosa, se que lo único que desea es regresar a casa y
esperar a los 18 para convertirse en la monarca de estas tierras.
No entendía a donde quería llegar aquella
leyenda viviente, pero asentí con la cabeza y escuche atentamente.
- Pero las cosas no pueden ser así.
Sus palabras me golpearon tanto
que por poco pierdo el equilibrio y sentí el color bajar de mis mejillas. Me
matarían, estaba segura. Di unos pasos hacía atrás alejándome de el.
- ¿De que esta hablando? – pregunte con
destellos de miedo en mi voz.
- Majestad, tranquilícese, no le haremos
daño. Tiene mi palabra.
No me relaje.
- Muy bien, esta bien si no confía - continuo el- pero
de debe de escuchar lo que tengo que decirle. Siéntese - sus enormes manos señalaron el lugar donde habia estado recostada para que tomara asiento de nuevo, acepte la invitación, no por educación...mas bien era por que cada vez el suelo giraba mas rápido.
El corazón me martilleaba el
pecho, la yema de los dedos, el cuello y me ardía el cuerpo por el miedo a las
palabra que ese hombre podría decirme. No me senté.
Iudir me miro con algo parecido a la
compasión y comenzó a hablar. Cada palabra que pronunciaba era como si
alfileres helados se clavaran uno a uno en mi pecho.
- Al momento de su desaparición las cosas
se pusieron tensas en el reino majestad. Soy un hombre que no es bienvenido en
sus murallas, pero estoy tan bien enterado como el mismo consejero del rey y la
reina. Sus padres comenzaron a notar cosas extrañas en algunas personas de la
servidumbre, los soldados no buscaban como debían y dejaron de acatar ordenes
de los reyes – El hombre trago saliva y me ofreció su brazo. Estaba confundida
por sus palabras y acepte su ayuda, me guio a la silla donde había estado mi
vestido y me sentó en ella. – majestad, me dice que su dama de compañía se
llamaba Fantine.
Asentí con rapidez, con el corazón
martilleándome por escuchar noticias de Fantine.
- ¿La chica era alta, como de 17 tal vez 18
años?
Asentí de nuevo.
- Tenía el cabello rubio tan pálido que
parecía trigo seco – comenté con
lentitud mientras recordaba lo hermosa que era su cabellera, siempre bellamente
peinada.
- Majestad, aquella chica si llego a las
puertas del palacio.
Mi cuerpo comenzó a temblar y
un fuego que me consumía helado comenzó a recorrerme desde la punta de la
cabeza. Sus palabras me dejaron aturdida.
- ¿De que esta hablando? – pregunte con la
voz tan temblorosa que parecía un sollozo.
- Un día fui en cubierto al reino por pieles
para el invierno, me quede hasta tarde enterándome de los asuntos del reino y
llego la noche, caminaba por las callejuelas cuando escuche los llantos de una
chica. Los seguí para ver de que se trataba, soy un hombre curioso. La muchacha
llego hasta un soldado que le impedía entrar al castillo – me miro compresivo y
siguió hablando- querida niña, yo mismo vi como uno de los soldados escuchaba a
su acongojada dama de compañía que suplicaba ver al rey y a la reina e
informarles lo sucedido. No alcance a escuchar una palabra de lo que decía pero
se veía aterrada y cansada. Ese mismo soldado que la escuchaba atentamente la
abrazo y la apuñalo por la espalda hasta arrancarle la vida.
- ¿Qué? – mi pregunta salió como un simple
suspiro de terror. Negué con la cabeza una y otra vez mientras sentía las
lagrimas salir de mi control. Pobre Fantine, tan hermosa, tan joven y asustada,
asesinada. No era justo, no era justo.
Fantine, quien me había ayudado desde chica. Fantine, quien nunca perdió la manera discreta en la que me preguntaba cosas, la misma bella muchacha de cabello dorado a quien platicaba todo, a quien había visto huir para salvar su vida, ahora estaba muerta.
Ella era mi esperanza, la pequeña luciérnaga en el horrible túnel de oscuridad que vivía y ahora ya no estaba. Ya no había luciérnaga, ya no había luz. Estaba sola.
- Me mantuve oculto entre las
sombras - Continuo Iudir hablando, aunque yo lo escuchaba como una voz en segundo plano, apagada por los latidos de mi corazón- cuando el hombre se fue para informar lo ocurrido me acerque a la
muchacha seguía viva, solo me miro unos segundos y finalmente murió. Al día
siguiente cuando cayó la noche, su retraso había dejado de ser un retraso y al
tercer día de su desaparición comenzó la mediocre búsqueda. Mientras algunos
soldados la buscaban con alma y corazón, adentrándose demasiado para ser seguro
otros solo iban a donde les informaban, llaman su nombre una o dos veces y
luego solo se sentaban a jugar cartas.
Negué con la cabeza, buscando algo en la
habitación que llenara el vacío que poco a poco se adueñaba de mi.
- Hace dos días al anochecer, cuando ya había
pasado una semana el pueblo vistió de negro por su princesa perdida, la gente
llevo velas e ilumino el castillo y a sus desechos gobernantes. Tu hermano
estaba ahí, el príncipe lloró y se alejo del balcón, tu hermana se mantuvo ahí
frente con una expresión de roca que nunca había visto a nadie tener
enfrentando la desaparición de un ser querido.
Comencé a sollozar por mis padres y mi
hermano. Pensé en como la tristeza lo embargo a tal modo que salió corriendo de
la mirada del reino, llore por mis padres de mirada apagada, frustrados por la
perdida de control, el miedo que sentían y mi perdida. Sentí algo parecido al
rencor cuando pensé en mi hermana, que no lloraba y se mantenía firme frente a
la gente. De inmediato me reprimí por pensar en eso.
Caí en la cuenta que yo misma estaba llorando
mi funeral.
- Tengo que volver, tienen que saber que
estoy bien. Will tiene que saber que estoy bien, tengo que…
- A la mañana siguiente – continuo Iudir
interrumpiéndome- con las primeras luces
del alba. El equilibrio se rompió.
- ¿De que esta hablando?
Mi cuerpo tembló por un
escalofrió.
- Los soldados traicionaron a sus reyes y
abrieron las puertas a los guerreros Grecorianos.
- No, no, no – solloce.
Iudir apreso mi mano en la suya
y me ofreció consuelo.
- Han puesto a una gobernante en el lugar de
los verdaderos reyes.
Llore y me abrace a mi misma.
- ¿Mis padres? – me forcé a preguntar antes
de estallar en sollozos - ¿qué hay de mis padres?
- Lo siento– fue lo único que obtuve como
respuesta antes de que sintiese la sangre helarse en mis venas y el peso del
mundo caer helado hasta mis pies. Solte un gemido de dolor tan desgarrador que
inclusive el pecho de Iudir tembló cuando me lance a sus brazos a llorar.
Recordé los ojos de mi tía al morir, lo vacíos que estaban, llenos de terror.
Nadie había estado para cerrar los ojos de mis padres. Los hermosos ojos grises
de mi padre apagados y los bellísimos ojos azules de mi madre vacíos, mirando a
la nada.
Llore como nunca había escuchado a nadie
llorar, llore vacía y sin esperanza.
- ¿Qué hay, que hay… o por Dios – las palabras
se me cortaban a mitad de oración y los sollozos me empujaban a hacerme pequeña
y encogerme protegida por los enormes brazos de aquel hombre que era lo mas
parecido a la realidad -¿Que hay de mis hermanos? –logre articular en un
respiro que tome que sonó tan tembloroso que parecía que me ahogaba.
- A su hermana la tienen prisionera y su
hermano logro escapar.
Me aparte de los brazos de
Iudir.
- ¿Will esa vivo? – pregunte sorbiéndome la
nariz. El hombre asintió.
- Nadie sabe donde esta, huyo solo, no
confiaba en nadie y vio venir la invasión. Gente del palacio me dice que
intento alertar a sus padres, pero era demasiado tarde.
Volví a llorar y mi voz sonó hueca pegada a
la tela de su abrigo.
- No tengo a donde ir ¿cierto? – Abrí los aterrados ojos y lo mire fijamente, suplicando.
- No tenemos mucho que ofrecerte –dijo a modo
de respuesta- pero puedes quedarte con nosotros.
Sus palabras me tomaron por
sorpresa pero asentí una y otra vez pegada a su pecho.
- Tendrás que trabajar – asentí - y tarde o temprano, tendrás que robar. Es
lo que hacemos.
Trague saliva. Ese lugar, que en antaño era un
hogar, mi hogar ahora era tan ajeno, tan prohibido para mi. Ahora gobernado por
las personas que me habían arrebatado a mi familia. No les tenía lealtad a esos
nobles.
- Elirdea ya no es mi reino. Y esos gobernantes
no son mis reyes- dije con una voz tan llena de odio que me sorprendí.
Tim entro a la tienda y le extendió la daga
y el costal con las monedas a su señor, me miro curioso por lo que sucedía y
salió de la tienda después de poner su mano en mi hombro.
- Yo también llore cuando los perdí – me
dijo y salió del lugar.
Iudir me entrego la daga y la
tome del puño con tanta fuerza que sentí como los nudillos se ponían bancos y
la circulación se cortaba. Mire la daga y pensé en Arón, sabía todo y no me dijo nada, me dejo ir como
una mosca a la mugre. La desdicha y el dolor se abrió paso, para darle lugar al
odio y la rabia que se albergo en mi pecho desde ese día, creciendo como un
cáncer y siempre haciéndome sentir vacía.
Me corte la mano, Iudir pensó que fue un
accidente y salió de la tienda por unas vendas. Saque las monedas del costal y
las puse una a una en mi mano. Una, por mi madre, la segunda por mi padre; por
mi tía, por Narda, por Fantine, por mi hermano y mi hermana. La sangre cubrió
las doradas piezas, tiñéndolas de rojo. Jure con aquellas monedas sobre mi
palma y mi sangre cubriéndolas que los vengaría, que pagarían por lo que les
habían arrebatado.
Iudir regreso y vendo mi mano. Yo parecía
tener una mirada perdida, en dirección a mi reino, probablemente Iudir pensaba
que de añoranza, pero era de odio. Algún día entraría a ese lugar y recuperaría
lo que me pertenecía, parecía que me había perdido en mi interior, que mis ojos
estaban dormidos, pero nunca había estado tan despierta y tan consiente de
donde estaba y a donde quería llegar.
Iudir salió de la tienda a conseguirme
ropa limpia.
Me quede sola de nuevo y guarde
las monedas ensangrentadas en el costalito, las manos me temblaban de ira
mientras ajustaba la correa.
- Larga vida al águila y que muera el
dragón- dije apretando los dientes.
que terrible todo lo que paso y que noble ese ladron en ofrecerle ser parte de ellos apesar de todo el podria haber aprobechado y venderla para que la matasen pero no que lindo muy conmovedor
ResponderEliminarOh por dios!
ResponderEliminarHelena se vengara! AAHH.
Que asdfgghkhj
Me encanta. *^*